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viernes, febrero 14, 2020

VASIL LEVSKI, EL APÓSTOL DE BULGARIA



"Debemos tener una sola bandera, y en ella las palabras:
santa y pura república"

"Son las obras lo que necesitamos, no las palabras”
"Si yo gano, gano para todo nuestro pueblo; si pierdo, pierdo sólo a mí mismo"

VASIL LEVSKI


Cuenta la leyenda que cuando Dios decidió repartir el mundo entre los pueblos, los únicos ausentes fueron los búlgaros, porque seguían trabajando en el campo. Cuando ya nada quedaba por repartir, Dios se acordó de ellos y premió su laboriosidad obsequiándoles un pedazo del Paraíso: el centro de los Balcanes, al que llamaron Bulgaria.

Bulgaria es una de las tierras más desconocidas de Europa. Su historia es tan potente que conocerla eriza de cualquier ávido de conocimiento. Es una historia repleta de dolor y sangre, de luchas constantes, dada su estratégica ubicación: el corazón balcánico, única puerta para penetrar por el sura desde Asia a Europa. Los otomanos vieron la oportunidad de expansionar su imperio hacia Europa y decidieron apoderarse de la zona.

Desde finales del siglo XIV hasta finales del siglo XVIII, Bulgaria fue dominada por los turcos. La Iglesia ortodoxa fue suprimida y sometida al Patriarcado otomano de Constantinopla. Esto provocó que la Iglesia búlgara se helenizara y abandonara el “eslavón” (1) en sus ritos. La aristocracia fue liquidada y la superviviente deportada a Anatolia u obligada a convertirse al Islam. Pero, a pesar de la profunda represión, una gran parte de resistentes búlgaros lograron mantener sus creencias cristiano-ortodoxas, excepto en el suroeste del país, donde se concentró una minoría de conversos musulmanes llamados “Pomacos” (2). Bulgaria  permaneció sometida por los turcos durante cinco largos siglos hasta que, a comienzos del siglo XIX, empezó a despertar el ansia de libertad e independencia búlgaras gracias a los emergentes nacionalismos liberales europeos. Y justamente en abril de 1876, algunos búlgaros crean el llamado “Comité Revolucionario Secreto Búlgaro”, y hacen estallar el levantamiento armado conocido como “Sublevación de abril”.  Lamentablemente la revuelta fue reprimida por los otomanos con extrema crueldad. Innumerables aldeas fueron saqueadas, quemadas, arrasadas y las víctimas se contaron por decenas de miles, sobre todo en las ciudades de Batak, Perushtitsa y Bratsigovo. Las masacres fueron tan  sangrientas que provocaron la reacción de la opinión pública y diplomacia europea, lo que propició una campaña contra los "horrores búlgaros". Aprovechando esta matanza de eslavos, Rusia declaró la guerra a Turquía (1877-1878) en abril de 1877. En el conflicto intervinieron también el ejército rumano y búlgaro. Finalmente la guerra terminó con la completa derrota de Turquía y la proclamación de la independencia de Bulgaria.

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Muchos fueron pues los rebeldes búlgaros que en la rebelión de  abril se convirtieron en héroes nacionales. De todos ellos el más admirado fue Vasil Ivanov Kunchev, apodado Vasil Levski, el más grande revolucionario y héroe búlgaro por excelencia. Toda Bulgaria admira y respeta la memoria de este fascinante hombre, hasta el punto de ser venerado como a una leyenda. Levski nació el 18 de julio de 1837, en la ciudad de Karlovo, al sur de los Balcanes, justo cuando el país estaba invadido por imperio otomano y sus constantes atrocidades. Conocer esos horrores generó la conciencia de Vasil quien dedicó su vida, esfuerzo y energía a la liberación de Bulgaria. Es por eso que es conocido como “El Apóstol de la Independencia Nacional de Bulgaria” y un líder revolucionario con las actitudes de un león: fuerza, dominio, destreza y valentía.

Inspirado en la Revolución Francesa, Levski apostó por el alzamiento armado de todos los búlgaros contra el Imperio otomano. Imaginó una República Democrática en Bulgaria, donde primase la libertad de expresión, de ideas y de asociación. En 1869 comenzó la organización de los comités revolucionarios y en 1872 la red de comités clandestinos estaba establecida y comenzaron a atacar. Las autoridades otomanas hicieron muchos esfuerzos por capturar a Vasil, pero muy hábilmente se escondió en los templos ortodoxos más inaccesibles. La mayoría de los búlgaros creen que el Monasterio de Rila fue utilizado como cuartel general por el propio Levski. Finalmente, Levski fue capturado en una taberna al este de Lovech, cerca de la ciudad de Pleven. Se cree que fue traicionado por un sacerdote llamado Krastiu. Murió en la horca el 18 de febrero de 1873. Tenía 35 años. Los comités búlgaros siguieron actuando tras la muerte de Vasil, aunque la Revolución de abril de 1876 no llegó a buen puerto, pero si fue el principio del fin de la dominación otomana. En 1878 Bulgaria recuperaría su independencia. Tras la guerra entre Rusia y Turquía (1877-1878), en el frondoso paso de Shipka, rusos y búlgaros acabaron con los cinco siglos de tortura otomana. Y el 3 de marzo, el cual el imperio otomano reconocía la independencia de una gran Bulgaria. En base a ello, cada 19 de febrero el país rinde homenaje a Vasil Levski. Una vocación revolucionaria y unos sueños de libertad que son recordados año tras año en toda Bulgaria. Sin duda, Levski es el gran héroe nacional.

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La figura de Vasil Levski es totalmente desconocida para la mayoría de los ciudadanos occidentales. Y, sin embargo, la historia de los comités búlgaros parece el preludio de algo mayor que vendría después: los soviets y el derrocamiento del zar de Rusia.

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martes, junio 12, 2012

ÉNYOVDEN, LA FIESTA DEL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA (24 DE JUNIO)


En esta fiesta, que celebra a San Enyo, es decir, a San Juan Bautista, se dan cita numerosos elementos de religiosidad no cristiana, con trasfondo sin duda pagano, y ecos evidentes de cultos al sol, a las estrellas, a las aguas.

El día de la fiesta, muy de madrugada, eran recogidas hierbas medicinales en los prados altos. Las hierbas recogidas habían de ser setenta y siete, porque se creía que las enfermedades suman, en total, la cantidad de  setenta y siete y media, y que el hombre había de protegerse de manera muy especial de aquella «media» enfermedad, porque para ella no existía ninguna forma de cura. La hierba más difícil de encontrar era la media hierba curativa, porque nadie, excepto los curanderos más expertos, la conocían.

Se trenzaba una enorme corona con el mayor número posible de hierbas curativas, y todo el mundo pasaba por debajo de ella. A continuación era colocada en el portón de las casas. Aquel día, de madrugada, todo el mundo había de poner todo su empeño en lavarse vigorosamente, para no enfermar y para que el pelo se conservase sano y reluciente. Y pronunciaban este conjuro:

¡Rocía, rocía, rocío,
que fluya el agua,
que mamá me lave,
que abuela me seque,
que me crezca el cabello largo,
hasta el suelo!

El ritual de la Ényova Bulka, es decir, de «La Novia de Enyo», era especialmente interesante: participaban en él solo las mozas jóvenes. El día de la víspera, es decir, en la noche del 23 al 24 de junio, hacían ramilletes de todo tipo de plantas y de flores, y los depositaban en un caldero lleno de agua bendita, que dejaban al sereno en el jardín durante toda la noche, para que las estrellas pudieran ver el agua.

A la mañana siguiente vestían a una niña pequeña, de unos siete u ocho años, y que debía tener los padres vivos, al modo de las novias. La más fuerte de las mozas la llevaba sobre sus hombros, y con ella se paseaban todas las muchachas por el pueblo. Todo el mundo hacía, a la novia de Enyo, preguntas a propósito de cómo serían el tiempo y la cosecha del año. Se hallaban convencidos de que tales predicciones se cumplirían.

Regresaban después al punto del que había partido el cortejo, cubrían los ojos de la novia con un pañuelo rojo, le hacían entrega del caldero, y ella iba sacando un ramillete tras otro, augurando a cada moza con qué mozo se habría de casar, y si sería pronto. Todo el mundo creía que ese día era especialmente propicio para tales suertes adivinatorias.

Si la niña decía «caballo monta, halcón porta», eso significaba que el novio sería rico; si decía «agua tranquila bajo una piedra», que sería una persona serena y benévola; si decía «malva, que por encima de la tapia te mira», significaba que sería un vecino; si decía «vaso que nada en el mar», significaba que sería un borracho; si decía «medio plato, que de la pared cuelga», ello quería decir que sería un viudo; si decía «vino tinto, vaso de cristal», que sería un tabernero; si decía «chispas vuelan en la chimenea», significaba que sería un herrero; si decía: «calzones mojados cuelgan de la pared», que sería pescador; si decía «un palo de oro por el pueblo se pasea», que sería alcalde; si decía «membrillo amarillo y muy maduro», significaba que se casaría con un solterón.

Se pensaba, también, que aquel día las hierbas poseían una fuerza mágica especial, porque concentraban en ellas todo el poder del sol, que, a partir de ese día, en que llega a su cenit de luz y de calor, cambiaría ya de signo. La creencia común decía que, el día de su fiesta, San Enyo se vestía con nueve abrigos de piel, y que  marchaba a pedir a Dios que fuera preparando el camino para el invierno.

El día de San Enyo, el Ényovden, es el último día en que las mozas hacían el tipo de reunión que recibía el nombre de sedyanka. Los ritos y las prácticas que juntas realizaban se creía que propiciarían y que protegerían la cosecha, asegurarían la salud de todos, y harían que aumentase el nacimiento de niños en el pueblo.

Texto:
Rositsa Yósifova Avrámova y José Manuel Pedrosa
COSTUMBRES Y FIESTAS DEL PUEBLO BÚLGARO

jueves, abril 26, 2012

KHAN ASPARUH, LA PELÍCULA


Si Bulgaria es ya de por si una tierra desconocida para la mayoría de españoles y naciones del mundo, el cine búlgaro -salvo contadísimas películas de filmoteca como Cuerno de Cabra, Tiempos de Violencia o Khan Asparuh, entre otras- es totalmente desconocido.

La película Khan Asparuh, el más famoso entre los khanes protobúlgaros, fue rodada en 1981 por el director búlgaro Ludmil Staikov (director también de Tiempos de Violencia, 1988), bajo un guión de Vera Mutafchieva y música de Simeon Pironkov. El reparto de actores cubrió un plantel de nombres búlgaros consagrados, como Stoyko Peev, Antony Genov, Vassil Mihajlov, Vania Tzvetkova, Stefan Getsov, Georgi Cherkelov, Iossif Surchadzhiev, Mari Szür, Lora Kremen, Djoko Rosic.

La historia narra la épica creación y consolidación de Bulgaria como estado independiente y la construcción del poderoso Primer Imperio Búlgaro. En torno al año 632 d.c., el khan búlgaro Kubrat, formado en Constantinopla, se negó a seguir bajo dominio turco y reúnió bajo su mando a las diferentes tribus búlgaras creando un verdadero estado al norte del mar Negro y del rio Danubio.

Pero el territorio de Kubrat estaba continuamente amenazado y era difícil de defender, así que uno de sus hijos y sucesor, el khan Asparuh, tomó una sabia decisión: migrar a otras tierras y empezar una nueva vida. En 679 cruzó el Danubio y se instaló en Pliska, fundando los cimientos de lo que sería el Primer Imperio Búlgaro. Esta película, un clásico del cine de autor, narra esta fascinante epopeya con todo detalle y rigor histórico.

KarlFM.-


KHAN ASPARUH


KHAN ASPARUH


KHAN ASPARUH

Agradecimientos a youtube.com

EL KAHN ASPARUH Y LA FUNDACIÓN DE BULGARIA




En la temprana Europa medieval, donde los pueblos luchaban ferozmente entre si para encontrar y expandir su espacio vital más allá de sus limitadas tierras de origen, surgió un nuevo poder aplastante que ocuparía su lugar en la gran escena histórica del mundo hasta entonces conocido. Se trata de Bulgaria, un país, para muchos completamente desconocido y olvidado, que llegó a convertirse en una de las tres principales potencias en la Europa de su tiempo, junto a Bizancio y los Francos.

Aunque la historia de Bulgaria no es tan popular como otras, los hechos búlgaros son tan notables y grandiosos que llegaron a construir dos enormes imperios que dejaron una huella imborrable en el espíritu de las naciones europeas. Asparuh fue un estratega excepcional y un líder talentoso que conservó la riqueza de las tradiciones búlgaras logrando crear las bases de un gran pueblo. Gracias al Khan Asparuh, se fundó Bulgaria y posteriormente su primer gran imperio. En este video se puede ver los hechos históricos que ocurrieron antes de la creación de Bulgaria y las razones que empujaron a su creación. Se ha traducido al inglés, pero el idioma original del film es el búlgaro. Espero que os guste.

KarlFM.-



domingo, abril 22, 2012

LOS TEMIBLES JENÍZAROS BÚLGAROS



Uno de las mayores tragedias, por no decir la peor, que tuvieron que sufrir los búlgaros como pueblo, fue la invasión y conquista de sus tierras por manos de los sanguinarios y crueles otomanos, uno de los ejércitos más temibles de aquellos tiempos por su crueldad, fanatismo y codicia, extremos. A pesar de la fortaleza física y moral de los pueblos balcánicos, no cabe duda de que los turcos pudieron conquistar la península de los Balcanes, porque no atacaron a un estado organizado, ni a un pueblo homogéneo, sino a estados y a pueblos de diversa índole: griegos, búlgaros y serbios estaban completamente divididos en varios pequeños estados, y eso debilitó terriblemente su poder. Esos pueblos y estados no supieron concertarse ni para resistir ni para atacar al enemigo común: los turcos; los recelos entre ellos, los disociaba. y así ocurrió como los emperadores griegos, contribuyeron a que los otomanos entraran en Europa, por el hecho de haberles pedido auxilio, repetidas veces, en sus contiendas con los serbios y los búlgaros.

KarlFM.-

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Pero, al margen de este característica importante, la principal causa de la victoria de los turcos fue la enorme superioridad de los ejércitos permanentes de Orckhán, hijo de Otham, y fundador del gran Imperio Otomano. Gran parte de ese ejército estaba comprendido por soldados de caballería llamados Espahís ligeramente armados con un sable corvo muy afilado, llamado cimitarra, y una larga lanza, y los denominados Jenízaros, la infantería otomana. A estas tropas las llamaban yeni (nueva) cheri (milicia), expresión de la cual ha salido el vocablo Jenízaro. Los Jenízaros, fueron un cuerpo de soldados de infantería creados por el Sultán Murad o Amurath I en 1330 ya que tenía derecho no sólo a un quinto del botín de guerra de los territorios conquistados o sometidos, sino también a un quinto de los cautivos.

Para reclutar esta infantería, los turcos robaban los niños cristianos; en Bulgaria los secuestros fueron brutales, hasta el punto de que ha quedado permanentemente clavado en la memoria histórica del sufrido pueblo de Bulgaria. Existe una película búlgara que relata este hecho con extrema dureza, Time Of Violence, cuyo titulo original es Време разделно y está basada en una novela, del mismo nombre, del autor búlgaro Anton Donchev, escrito en 1964; la película se estrenó en 1988. 

La historia empieza en el siglo XVII, en una región cristiana de Bulgaria, seleccionada por los gobernantes otomanos para servir, como ejemplo, a la conversión islámica. Un jenízaro que fue secuestrado de pequeño es enviado para obligar a los reacios a la conversión. El gobernador turco trata de buscar una solución pacífica, pero a la larga estallan la violencia, la tortura y la rebelión. La versión íntegra búlgara consta de 288 minutos divididos en dos episodios. La tortura, la violencia, el odio, y la rebelión a punto de estallar, son las claves guionisticas del film. Los sacerdotes musulmanes, encargados de educarlos, hacían de ellos verdaderos fanáticos. Esa forma de reclutamiento tenía doble ventaja: debilitaba las poblaciones cristianas búlgaras y daba al soberano turco, hombres que, debiéndoselo todo, no conocían a nadie más que a él, a quien estaban consagrados en cuerpo y alma.

Tiempos de Violencia es una película repleta de símbolos, que reconstruye los detalles la invasión turca en el siglo XVI, pero a la vez, trata a los temas como el parricidio, el odio fraternal, y la paradójica imposibilidad de la existencia de un solo un Dios para todas las gentes.

Nevena Angelova


PARA VER LA PELÍCULA (PULSAR EN “CC” PARA ACTIVAR LOS SUBTITULOS EN INGLÉS, ALEMÁN O BÚLGARO. LA VERSIÓN ORIGINAL ES EN BÚLGARO).

ADVERTENCIA:  EXISTEN SECUENCIAS QUE POR SU CRUELDAD PUEDEN HERIR LA SENSIBILIDAD DE LOS ESPECTADORES. LA PELÍCULA ESTÁ BASADA EN HECHOS COMPLETAMENTE REALES.

Parte primera

Parte segunda

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Agradecimientos a YouTube.com




Los Jenízaros, agrupados por compañías de cien hombres, estaban sometidos a una disciplina rigurosa. Eran a modo de soldados monjes que no interrumpían sus ejercicios militares sino para recitar las oraciones u oír los sermones de sus capellanes. Eran soldados de por vida, y les estaba prohibido casarse; por consiguiente, como ignoraban quienes eran sus padres, la única familia que tenían se reducía a sus compañeros y las pasiones que los conducían eran el oficio y el fanatismo religioso. No existía ninguna tropa en Europa que pudiera compararse con aquella que bien pronto contó cuarenta mil hombres.

Los Jenízaros eran adiestrados bajo una disciplina estricta con duros entrenamientos físicos, enseñanzas del empleo de armas de la época y tácticas militares así como una impecable educación (aprendían diversos idiomas, literatura, contabilidad, etc.) y en condiciones prácticamente monásticas en las escuelas Acemi Oğlanı. En dichas escuelas de instrucción se esperaba que permanecieran célibes y fueron alentados a convertirse al Islam, lo que la mayoría hizo.

Eran conocidos por su ferocidad y su fanatismo. Eran tales su prestigio y sus privilegios que, desde el siglo XVI (1680), fueron muchos los que se inventaron todo tipo de argucias para alistarse en sus filas e incluso terminó permitiéndose el alistamiento en sus filas de los propios turcos, y no era raro encontrarse incluso con hijos de la nobleza entre sus filas, a partir de esa fecha, y hasta su disolución en 1826, comenzó su lenta decadencia como organización militar de élite y se inicia su cada vez mayor intervención en las intrigas palaciegas y la los asuntos de la política, llegando en ocasiones a la insurrección armada directa y al derrocamiento del sultán (y entronamiento de un sultán alternativo).

Tras décadas de ineficiencia en combate y abusos de influencia política, mezclados con indisciplina y ambición, los jenízaros se habían convertido en un problema para el gobierno del sultán, pero su poder militar los hacía aún temibles para la aristocracia otomana, en tanto los jenízaros podían promover revueltas palaciegas para deponer o nombrar sultanes, a imitación de la corrupción ocurrida en la guardia pretoriana de Roma. Finalmente, en 1826, los Jenízaros fueron disueltos y desbandados violentamente por el sultán Mahmud II en el llamado Incidente Afortunado, que suprimió por la fuerza a esta tropa.

sábado, abril 07, 2012

LA LEGENDARIA ESPADA DE KUBRAT KHAN



Un arma no es peligrosa en si misma, su peligro reside en la mente de quien la posee. No dejes que un arma llegue al corazón para matar, sólo admírala como un objeto de arte y deja que su historia y su cultura abra y engrandezca tu corazón y mente.

Proverbio anónimo 

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Fue encontrada en la región de Poltava de Ucrania, esta espada se remonta a principios del siglo séptimo y está hecha de oro, hierro y cristal. El objeto fue hecho en un taller bizantino y fue dado por Bizancio a Kana Subigi Kubrat como un símbolo de su estrecha relación. La hoja es de un solo filo con una punta de doble filo, y formó parte del famoso tesoro Pereshchepina que la mayoría de los estudiosos creen que se corresponde con Kubrat (debido a cruces en la frente de la espada). Si esta espada es Kubrat habría sido enviada por el emperador Heraclio como regalo diplomático en algún momento entre 634-640AD. Hoy dia se encuentra en el Museo del Hermitage en San Petersburgo, Rusia.

El Khan Kubrat el Grande; fue el fundador de Bulgaria. Kubrat o Kurt (en búlgaro: Кубрат, que significa lobo en antiguo túrquico) fue un gobernante protobúlgaro acreditado con el establecimiento de la confederación de la Primitiva Gran Bulgaria en el año 632. Se dice que él lo consiguió mediante la conquista de los ávaros y uniendo a todas las tribus protobúlgaras bajo un solo gobernante.

El nombre de Kubrat es mencionado primero por el patriarca Nicéforo de Constantinopla, en su Historia Breve en el siglo IX. Sin embargo la palabra aparece primero en las Inscripciones de Orjón de los Köktürks y literalmente significa «fundación». Según la tradición nómada túrquica casi a todos los reyes se les daba un título que resumía sus logros o se destacaba como uno de los grandes, como el Gran Kan Ilterish (Il «estado», Terish «organizado», Gran Kan o Kan «rey» en túrquico) para el rey que unió los Köktürks por segunda vez. El título para el rey fundador sería Gran Kan Kubrat, que significaría «El Rey Fundador».


En los Nominalia de los kanes de Bulgaria, Kubrat es mencionado como Kurt del clan Dulo. Una leyenda posterior lo describiría como un descendiente de Atila, el Huno. Algunos historiadores concluyen que su línea materna fue el clan Ermy, porque su tío materno Organa fue posiblemente de ese clan. Kubrat pasó un tiempo en la corte bizantina, ya sea como rehén o por protección de la guerra dinástica en el Jaganato túrquico. Ya que el historiador bizantino del siglo VII Juan de Nikiû narra:

"Quetrades (es decir, Kubrat), el príncipe de los Moutanes (es decir, los hunos), y un sobrino de Kuemaka (es decir, Organa), fue bautizado como un hijo y fue educado en Constantinopla y recibido en el comunidad cristiana en su infancia y se había criado en el palacio imperial. Él fue un amigo cercano del emperador Heraclio."

La Gran Bulgaria de Kubrat y las regiones adyacentes, c. 650.

Ya se que fuera un niño o un adulto durante su estancia en Constantinopla es poco clara, ya que el año de su nacimiento es desconocido. El tiempo exacto de este evento también se desconoce, pero probablemente coincidió con el reinado del emperador Heraclio (r. 610-641). Si los textos de arriba realmente se aplican a Kubrat entonces queda claro que durante su estancia en Constantinopla él fue educado y bautizado. Probablemente al mismo tiempo se le dio el titulo de Patricio, la cual fue inscrita en su anillo.

A su regreso, Kubrat tomó el poder sobre su tribu, los protobúlgaros Utigur, de Organa, quien había actuado como regente hasta entonces. En algún momento, como el patriarca Nicéforo registro, Kubrat expulsó a las tropas ávaras de sus tierras y gobernó solo sobre unificados protobúlgaros, creando así la «Primitiva Gran Bulgaria», como era conocida por sus contemporáneos. Bajo su gobierno, la Primitiva Gran Bulgaria llegó a extenderse desde el delta del Danubio hasta el río Volga, y fue reconocida por un tratado firmado con Bizancio en el 635. Kubrat gobernó en paz con el Imperio bizantino, a raíz de su estrecha amistad con el emperador bizantino y, posiblemente, por su apreciación hacía la cultura bizantina.

En 1912 campesinos ucranianos en las cercanías de Poltava literalmente tropezaron con una tumba llena de oro y magníficos objetos de plata de peso total de 75 kg, incluyendo un anillo que finalmente permitió identificar que la tumba pertenencia al Kubrat. Este es el tesoro que se encontro : http://groznijat.tripod.com/p_bulgar/treasures.html. El anillo fue inscrito en griego «Chouvr(á)tou patr(i)k(íou)», indicando la dignidad de patricio que había logrado en el mundo bizantino. 


LAS COSTUMBRES Y FIESTAS DEL PUEBLO BÚLGARO



Un pueblo sin costumbres es una masa informe completamente inexistente, una masa paria a la deriva que tras un breve paso termina engullida en la nada más oscura. Las costumbres y fiestas de los pueblos son el resultado de sus completas vivencias, de su historia profunda y de sus gentes diversas a lo largo que avanzan en el espacio y el tiempo, desde sus ancestros como estados incipientes, hasta la culminación de su identidad personal como raza y sus aportaciones. 

Las costumbres definen la personalidad y la casta, el orgullo y la sabiduría encerradas en la mente y corazón de ese pueblo. Las fiestas son el recuerdo y la celebración masiva de esa costumbrología que se ha ido almacenando en el subconsciente y consciente de las naciones ya definidas. Bulgaria, como todos los pueblos que se asientan en la dermis de la Tierra, aporta su bagaje personal al resto de pueblos para dar a conocer sus ritos, sus formas, sus procedimientos, sus evocaciones, como el escultor que obtiene la belleza desde el interior de la roca primigenia, tras ser procesada por el talento de su creador. 

Costumbres y fiestas que no dejan indiferente a nadie porque los búlgaros son un pueblo tejido entre el drama, la esencia y la fuerza leónida que lucha incesantemente por marcar un destino lleno de profundidad y riquezas históricas. A caballo entre un  pasado intenso y una actualidad que diseña su futuro, Bulgaria es un pueblo de contrastes máximos, de bellezas desconocidas, de batallas cruentas, de conflictos duros, de gentes inteligentes que merecen ser conocidas y reconocidos por sus legados culturales y sus hechos existenciales. 

Los intercambios entre los pueblos son el alma máter de los desarrollos y los enriquecimientos. Un pueblo sin conexión y cambio, es un cúmulo de encerramientos y fracasos, un pueblo incapaz de ofrecer nada. Bulgaria ha dado mucho y debe seguir dando porque su esencia es interminable. Por esta razón Fiestas y Costumbres de Bulgaria es una maravilla de libro que aporta una visión diferente de un pueblo que para muchos tan solo es una mancha geográfica en un libro de geografía de escuela primaria, pero para otros el emblema de una nación plena de maravillas y vivencias que hielan la sangre y erizan la piel como un lagarto.

He visitado muchísimas veces Bulgaria, me une la familia, y por tanto conozco gran parte de su personalidad y tradiciones y, sinceramente es uno de los pueblos que mayoritariamente más me han impresionado de todos aquellos que he recorrido. No cabe duda de que el libro es una entrega que me ha brindado la posibilidad de saber más de este enigmático pueblo, que día a día sorprende a aquel que lo visita y se atreve a navegar por sus raíces y metabolismo candente.

KarlFM.-

El libro "Costumbres y Fiestas del Pueblo Búlgaro", editado por la Asociación Búlgaro-Española Cirilo y Metodio, es la primera obra que abre a los lectores en español el horizonte de la cultura tradicional búlgara. Un patrimonio riquísimo, de raíces muy antiguas, en que se mezclan la herencia tracia, la eslava, la protobúlgara venida del este, la griega, la romana, la cristiana, la otomana y muchas más. De todo ello resultaron unas creencias, costumbres y fiestas profundamente arraigadas en el imaginario y en la vida cotidiana de las aldeas y de los pueblos búlgaros. Sus ecos, tal y como han sido reflejados en esta publicación, dan idea de un patrimonio de pasado esplendoroso y de enorme valor cultural.

La autora del libro Rositsa Yosifova nació en la capital de Bulgaria en el año 1948, es licenciada en Filología Hispánica y en Filología Búlgara por la Universidad Kliment Ohridski de Sofía y tiene una vasta experiencia profesional como profesora y traductora. Afincada en Madrid desde hace 25 años, la autora ha realizado una serie de cursos sobre literatura española, es doctorada por la Complutense y ha participado en un sinnúmero de congresos literarios. Yosifova destaca por sus conocimientos en la historia y la literatura de los judíos sefardíes de Bulgaria y ha publicado estudios sobre esta materia en España y Bélgica. Desde el 2007 está dando clases de español y búlgaro como voluntaria en el Centro Hispano-Búlgaro. Decidió escribir "Costumbres y Fiestas del Pueblo Búlgaro" alentada por su amigo José Manuel Pedrosa, profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque venía madurando la idea del libro desde hace cuatro años y ya se había documentado exhaustivamente sobre el tema. De mentor espiritual, Pedrosa se convirtió en coautor del libro. En el epílogo de la obra titulado "Las tradiciones de Bulgaria y las tradiciones de España: los opuestos cercanos", el catedrático desentraña sorprendentes paralelismos entres las costumbres de ambos pueblos.

LA ANTIGUA GRAN BULGARIA




La Antigua Gran Bulgaria o Gran Bulgaria (Παλαιά Μεγάλη Βουλγαρία, en las crónicas bizantinas) fue el término usado por los historiadores bizantinos para referirse al territorio de Onoguria durante el gobierno del Khan búlgaro Kubrat en el siglo VII al norte de la cordillera del Cáucaso en la estepa situada entre los ríos Dniéster y el curso bajo del río Volga.

Kubrat

Kubrat (también Kurt o Houvrat) pertenecía al clan real de los Dulo y era el heredero legítimo del trono búlgaro. Creció en el Imperio bizantino, dentro del cual fue educado y bautizado, mientras que su tío materno Organa ejercía la regencia en la tribu. En torno al año 628, Kubrat retornó a su tierra natal, asumió el liderazgo de su pueblo, con la probable aprobación del khagan de los ávaros. Pronto se libró de la dominación ávara y se segregó del Khaganato Turco occidental, inmerso en guerras dinásticas.

La Creación

Entre 630 y 635, Kubrat logró unir bajo su mando las dos principales tribus búlgaras, los Kutrigur y los Utrigur, creando una poderosa confederación conocida por los autores medievales como La Antigua Gran Bulgaria y también como Onoguros-Imperio búlgaro (o en versión occidental Onoguria). Algunos historiadores incluyen entre sus súbditos a los derrotados ávaros y sitúan sus límites occidentales en la llanura panónica. Se presume que su capital habría estado situada en la antigua ciudad de Fanagoria, en la península de Taman. La tumba de Kubrat fue descubierta en 1912 en Perehschepina, Ucrania.

La desintegración y los estados sucesores

Los sucesos que se desarrollaron a la muerte de Kubrat son descritos por el Patriarca bizantino Nicéforo I. En tiempos del emperador Constantino IV, cuenta, Kubrat falleció y Batbayan, el mayor de sus cinco hijos, quedó a cargo del estado. Sin embargo, la presión de los kázaros acabó por sembrar la discordia entre todos los hijos de Kubrat que, pese al consejo de su padre de permanecer unidos para crear un frente común, partieron por separado, cada uno al frente de su tribu.

Los búlgaros del Volga

Kotrag, líder de los Kutrigurs, partió hacia el Volga medio, donde fundó la Bulgaria del Volga, en la confluencia de este río con el río Kama, un estado que llegaría a ser muy próspero. Los búlgaros del Volga o búlgaros de plata, como eran conocidos en la época, se convirtieron voluntariamente al Islam en el siglo IX, logrando preservar su identidad nacional hasta bien entrado el siglo XIII, repeliendo los primeros ataques mongoles en 1223. Sin embargo, fueron finalmente derrotados y su ciudad más importante, Bolghar se convirtió en la capital del Khanato de la Horda de Oro, mezclándose su población con los tártaros. Los ciudadanos de las actuales repúblicas rusas de Tatarstan y Chuvashia se consideran descendientes de estos búlgaros.

Los búlgaros en Vojvodina y Macedonia

Kuber se asentó en la antigua ciudad romana de Sirmio, al mando de un grupo formado por diversas etnias (búlgaros, 'romanos', eslavos, germánicos) y como vasallos de los ávaros. Tras una revuelta, guio a su gente hasta Macedonia. Se estableció entonces en la región de Keremisia y trató infructuosamente de conquistar la ciudad de Tesalónica. Tras este fracaso, desapareció de la histora y su pueblo se mezcló con las tribus eslavas de la zona.

Búlgaros en el sur de Italia

Otros búlgaros, llegaron a Italia en torno a 662, liderados por el "Duque Alzeco" (Altsek, buscando protección frente a los ávaros). Solicitaron tierras al rey lombardo Grimoaldo I de Benevento a cambio de sus servicios como mercenarios. Se instalaron inicialmente en las cercanías de Rávena, desplazándose al sur algún tiempo después. Grimoaldo envió a Altzek y a sus seguidores a su hijo Romualdo, en Benevento, que les otorgó las tierras al noreste de Nápoles en las "espaciosas pero hasta entonces desiertas" ciudades de Sepino, Bovianum (Boiano) e Isernia, en la actual región de Molise, en los Apeninos. Altzek recibió el título lombardo de "Gastald". Pablo Diácono, en su Historia del Pueblo Lombardo, escrita más allá del año 787, nos dice que en esa época, los búlgaros aún habitaban la zona, y que incluso si hablaban en latín, "no han olvidado el uso de su propia lengua".

Excavaciones en la necrópolis de Vicenne - Campochiaro, cerca de Boiano han sacado a la luz 130 enterramientos datados en el siglo VII, entre los que se hallaron 13 enterramientos con caballos y artefactos de origen germánico y ávaro. Los enterramientos de caballos son característicos de los nómadas ecuestres de Asia Central, de donde se deduce que estas tumbas corresponden a los búlgaros de Molise y Campania.

Los búlgaros caucasianos / Balkaros

Los seguidores de BatBayan, conocidos como los Búlgaros Negros, permanecieron en sus tierras ancestrales y fueron sometidos rápidamente por los Kázaros. Algunos creen que los actuales Balkarios son los descendientes de la horda de BatBayan, incluso aunque ellos se autodenominen Malkaros (por el río Malka) y hablen una lengua turca de tipo Kipchak

El Primer Imperio Bulgaro

Por último, Asparuh fue el sucesor de Kubrat y conquistó Moesia y Dobrudja al Imperio bizantino, creando en torno a 680 el Primer Imperio Búlgaro.

Fuentes:

miércoles, abril 04, 2012

EL PALACIO DE LOS ANTIGUOS KANES BÚLGAROS DEL RIO VOLGA



Un satélite ruso que realizaba sondeos a distancia de la Tierra probablemente ha descubierto el palacio de los soberanos de Bulgaria del río Volga, llamados Khanes. El Estado que fue fundado alrededor del año 660 por el khan Kotrag, uno de los tres hijos del khan Kubrat. La Bulgaria del río Volga existió como un país soberano hasta el siglo XIII cuando el khan Batu lo conquistó. Fue destruido definitivamente en el siglo XVI durante el reinado del rey ruso Iván el Terrible.

Durante largos años los arqueólogos desconocían el lugar exacto del palacio. Según los datos aportados por las fotos hechas desde el espacio, el palacio se encuentra en la reserva arqueológica de Veliki Bolgar, en el territorio del actual Tatarstán (república de la Federación Rusa situada en el Distrito Federal del Volga). Durante las excavaciones fueron descubiertos templos, una tumba de khanes, talleres de oficios artesanales, un tribunal de khanes y algunos mausoleos de búlgaros acaudalados, testimonios elocuentes todos ellos de que la civilización de los antiguos búlgaros estaba altamente desarrollada.

¿Qué importancia reviste el palacio desde el punto de vista histórico y arqueológico si se demostrara que perteneció a los khanes de Bulgaria del río Volga? Según manifestó en una conversación telefónica con Radio Bulgaria el catedrático y arqueólogo ruso Genadii Beloribkin, especialista en la Bulgaria del río Volga, "El palacio tendría una enorme importancia no sólo para los búlgaros, sino para toda la historia mundial. Se trata del pueblo de Bolgar, la antigua capital búlgara, situada en el lugar donde el río Kama desemboca en el río Volga. Las fuentes medievales se refieren a esa ciudad como a uno de los principales centros de la Bulgaria del río Volga. Basándonos en la información disponible podemos decir que la ciudad fue fundada en el siglo X y existió hasta los siglos XIV-XV, creándose sobre su territorio una reserva arquitectónica e histórica en la que los arqueólogos llevan más de 20 años efectuando excavaciones. Asimismo fueron descubiertas muchas instalaciones de piedra y ladrillo. Se produciría una verdadera aportación si se demuestra que el templo es búlgaro".

Los palacios fueron edificados por diferentes y paralelas técnicas de construcción de ambas capitales antiguas búlgaras, Bolgar de Bulgaria (del río Volga) y Pliska de Bulgaria (del río Danubio).

Si el fundador del estado búlgaro, el khan Asparuh y su época de esplendor dieron la posibilidad a los búlgaros de hacer obras monumentales en la región de Pliska, de tener las habilidades y la conciencia de construir enormes centros urbanos, no es de extrañar que el hermano de Asparuh, que pertenecía a ese noble linaje, construyera una ciudad propia, con sus fortificaciones y su palacio. Se trata de Kotrag, uno de los hermanos del, quien con una parte de los búlgaros emprendió el camino al norte y se asentó en la región de los ríos Volga y Kama. Él fue el primero en promover la estatalidad en esa región.

Si este descubrimiento se confirma, demostraría las últimas tesis científicas sobre el alto nivel de la civilización de los búlgaros de los siglos VII y VIII y refutaría la tesis de la vida nómada de los búlgaros. Sus tradiciones en la construcción de las ciudades y los oficios que acompañan cada construcción de gran envergadura volverían a confirmar la veracidad de la ciencia historiográfica de los últimos decenios en Bulgaria y Tatarstán. Lo específico sería comprobar la hipótesis de la génesis étnica de los búlgaros mediante los artefactos hallados: o sea, si tienen origen turco, como postulaba la antigua ciencia, o si aparecerá de manera más pronunciada el origen iraní, lo que dará pie a nuevas valoraciones científicas sobre el orígen del pueblo búlgaro.

viernes, marzo 23, 2012

EL ORIGEN DE LA COPA KRUM: BULGARIA CONTRA BIZANCIO



"De mil derrotas brota la victoria"

***

En el año 811, el enfrentamiento entre los búlgaros y el Imperio Bizantino alcanzó uno de sus momentos álgidos. El episodio anecdótico más recordado por las crónicas fue el hecho de que el jan búlgaro Krum celebrase su victoria bebiendo en el cráneo revestido de plata de su oponente caído: El emperador Nicéforo I. 



Al contrario de lo que pudiera parecer, dicha acción bárbara de marcado simbolismo no tiene precedentes claros en la historia del pueblo búlgaro, sino que fue en definitiva una ocurrencia de Krum. No se trata de una práctica recurrente, como por ejemplo sí lo fue entre los bizantinos el cegar a los adversarios políticos o a los enemigos capturados. Impresiona el analizar las decisiones circunstanciales que Nicéforo I fue tomando durante su reinado, sabiendo desde nuestra perspectiva privilegiada cómo iba a terminar el caparazón físico de sus ideas: Sirviendo de copa a otro soberano. Aunque lo lógico sea pensar que Krum bebió sustancias alcohólicas y enajenantes en el delirio de su triunfo, lo cierto es que hay dudas en ese punto, pues el jan había dictado severas normas contra el consumo de vino e incluso contra el cultivo de vides. Esta obsesión persecutoria pudo deberse a haber comprobado sobradamente los estragos que las borracheras causaban en las valiosas fuerzas de su incipiente nación. Krum conservó la macabra copa hasta su muerte, acontecida menos de tres años después que la de Nicéforo I. En los años finales de su reinado venció repetidamente a los bizantinos, gracias al excelente adiestramiento de los jinetes y arqueros de su ejército, avanzando territorialmente y plantándose ante las murallas de Constantinopla. Contribuiría a su desmesurado ardor el fetiche de su copa, en la que consideraría plasmada la debilidad bizantina y la opción de liquidar su Imperio. Era una especie de reliquia, pero no de un santo que pudiera conducir a acciones santas, sino de un rey que quizás llevaría a conquistar un reino.


Desde época prehistórica, los hombres han considerado la cabeza como la parte más significativa y simbólica del difunto, como la parte de su cuerpo que lógicamente revela quién fue, y que por así decirlo más conserva su esencia tras la muerte. En el monasterio de Santa Catalina, ubicado en la península egipcia del Sinaí, una sala alberga las calaveras de los monjes que allí vivieron y murieron, pudiendo verlas cuidadosamente amontonadas el visitante. Este hecho refleja la creencia de que es el cráneo la parte del esqueleto del difunto que más dice sobre él tras la muerte, y que más conserva la impronta de su personalidad. Las cabezas cortadas de los enemigos eran en ocasiones expuestas por los vencedores para regodearse malévolamente en la inmovilidad de los rasgos faciales, antes tan amenazantes. O eran enviadas a sus familiares para provocar su llanto y exigir su rendición. Al mismo Aníbal le presentaron la cabeza cortada de su hermano Asdrúbal tras la derrota de éste frente a los romanos en la batalla del río Metauro. La superstición llevó a algunos líderes de pueblos en estado de formación (etnogénesis) a pensar que teniendo la calavera de rivales importantes podrían ver incrementado su poder. Algo así debió imaginar el jan Krum, aunque existe también la posibilidad de que se tratara de un mero golpe de efecto para provocar pavor, sin ninguna creencia de fondo. El especial significado y fuerza emotiva de los cráneos de los difuntos se aprecia también en el ideario de algunos movimientos satánicos, masónicos o esnobistas de los últimos siglos, como la sociedad secreta “Skull and Bones” de la Universidad de Yale. El tratamiento impío de los cráneos todavía estremece, como si la burla o la humillación que se quisiera realizar al difunto fuera a atraer consecuencias negativas. Si bien, escépticamente, nada habría que temer.


El envase humano de la política imperial bizantina no le sirvió al jan Krum para tomar Constantinopla. La copa era sólo un símbolo, no un objeto mágico, y como tal no evitó la muerte temprana de Krum y el repliegue búlgaro. El engranaje del Imperio Bizantino era todavía demasiado elaborado como para resistir la amenaza de una superstición, a pesar de que ésta ponía a sus enemigos en un peligroso estado de trance guerrero. Imaginemos ahora, cambiando hacia un enfoque arqueológico, lo que supondría el improbabilísimo hallazgo de esa copa argéntea. Sería un gran descubrimiento que representaría por sí mismo el orgullo búlgaro de haber podido constituirse como pueblo en uno de los territorios del finiquitado Imperio Bizantino. A la larga, el caprichoso y difícil camino de las civilizaciones, condujo a Bulgaria a la supervivencia y resurgir, y a Bizancio a la desaparición ante el común enemigo turco.



El atrevidamente llamado “Santo Grial búlgaro” colea con su simbolismo hasta épocas muy recientes. Así, el rey búlgaro Boris III (1918-1943) puso en circulación monedas en cuyo anverso figura el jan Krum a caballo, representado como el jinete en relieve de Madara, sosteniendo con la mano derecha las riendas y con la izquierda su copa, dando caza en compañía de su perro a un león. De entre todos los janes que se podían haber escogido para la iconografía monetal, muchos de ellos con reinados más largos y estables, se optó por Krum (803-814), lo que da idea de la repercusión historicista de su gesto. Es preciso tener en cuenta que la figura de Krum fue icónicamente reivindicada en un momento en que Bulgaria andaba territorialmente inquieta, pues había perdido importantes posesiones con motivo de la Segunda Guerra Balcánica (1913) y la Primera Guerra Mundial, y tenía claras ansias revanchistas que afloraron luego en la segunda gran conflagración internacional. En la Bulgaria poscomunista se ha recuperado la imagen nacionalista del jinete de Madara en las monedas, aunque ya sin asociarla explícitamente al jan Krum y sin reivindicaciones territoriales de fondo. Dicho de paso, la pasión numismática de los búlgaros les ha llevado a ser actualmente muy buenos reproductores o falsificadores de las antiguas dracmas griegas de plata. La entrada de Bulgaria en la Unión Europea es una excelente ocasión para rememorar algunos aspectos históricos de su proceso formativo a través del emocionante y terrible duelo entre el jan Krum y Nicéforo I. La primacía de las fuentes bizantinas hace que sea mucho más comprensible su punto de vista que el de los búlgaros, lo que no nos debe llevar a malinterpretar los hechos.



El reinado del emperador bizantino Nicéforo I se extendió entre los años 802 y 811. Se hizo con el poder tras caer en desgracia la emperatriz Irene, tristemente célebre por haber apartado a su hijo del trono mediante el rito del cegamiento. Con su coronación, llegada cuando pasaba ya de los cincuenta años, vio premiada Nicéforo su larga carrera como funcionario, la cual le había llevado a la dirección de las finanzas del Estado. El motín inicial del estratega Bardanes pudo ser solventado sin apenas operaciones militares. Las ligeras tendencias iconófilas del nuevo emperador no evitaron una drástica reducción del gasto relacionado con la monumentalización y embellecimiento del culto y la corte. Nicéforo no quiso que las disputas religiosas entre facciones lastrasen su acción de gobierno, por lo que en la medida de lo posible intentó permanecer al margen de ellas, centrándose en la reforma del ejército, el saneamiento de la economía, los avances centralizadores y el intento de prestigiar su omnímodo poder de “basileus”.


En el año 806, a la muerte del patriarca Tarasio, Nicéforo respondió con el nombramiento como nuevo patriarca de un devoto personaje también llamado Nicéforo, el cual anteriormente había cambiado la administración imperial por la vida contemplativa. A pesar de que el recién proclamado patriarca estaba más cerca del bando iconódulo (defensor de que las imágenes religiosas no eran idólatras, sino que podían mover a una sincera piedad), muchos cronistas iconófilos del momento y posteriores criticaron duramente las decisiones políticas del emperador por el marcado deseo de éste de mantener sometida y dócil a la jerarquía eclesiástica. Incluso abusaron de su función de historiadores al presentar el desgraciado fin de Nicéforo como consecuencia de su desacertada acción religiosa. Desoyendo las llamadas a la reconciliación, los iconódulos más radicales, dirigidos por Teodoro de Estudio, se negaron a comulgar con el nuevo patriarca. El emperador optó por cerrar el principal monasterio estudita y desterró a sus monjes, los cuales desde el exilio siguieron trabajando contra él, indignados por ejemplo de la readmisión en el seno de la Iglesia bizantina de los sacerdotes que habían oficiado el matrimonio malabaresco de Teodata con Constantino VI (780-797), emperador que se había desecho de su primera esposa de forma poco ortodoxa por conveniencia política, siendo luego cegado por su madre Irene.


El examen detenido de los períodos iconófilos del Imperio Bizantino arroja un panorama bastante lamentable en comparación con las etapas políticas iconoclastas, pero ello no nos debe hacer considerar a las imágenes religiosas como culpables del declive imperial, a pesar de haber generado tanta conflictividad social; seguro que también en ellas muchos ciudadanos encontraron valor para defender su Estado, que logró resistir el avance turco hasta 1453. La presión de la pujante cultura islámica, eminentemente anicónica, en las fronteras orientales del Imperio Bizantino influyó en el deseo de parte de la población de prescindir de las representaciones religiosas para poder invertir los recursos en tareas más productivas.


El pasado militar del emperador Nicéforo había sido al parecer bastante brillante. Es probable que fuera él quien como estratega de Armenia tomase la fortaleza de Adata en el año 786. Era seguramente de origen armenio, y pretendía hacer descender su linaje de la dinastía árabe de los Gassánidas. Desde el comienzo de su mandato se mostró dispuesto a terminar con el soborno que el Califato y los eslavos ejercían sobre Bizancio para no atacar sus fronteras. Pero la situación política real y el miedo a un masivo ataque en Anatolia del califa Harun al-Rasid le obligó a pagar un fuerte tributo por la paz en el frente oriental. Nicéforo quiso que la estabilidad interna del Imperio se sostuviese en un ejército intensamente transformado. Para ello añadió a los tres “tagmata” (cuerpos profesionales encargados de guarnecer Constantinopla) uno más, el de los “hikanati”. Los “tagmata”, junto con las tropas especiales de la guardia imperial, se constituyeron en el núcleo del ejército bizantino. Las unidades provinciales, encargadas de la defensa de los “themas”, solían ser enormemente fieles a sus generales y gobernadores, los estrategas, y eran pagadas con concesiones de tierra, lo que hacía que se implicasen más en sus funciones, arraigando a sus familias en zonas de gran peligro de agresión. Cierto descontento popular cuajó cuando Nicéforo amplió los supuestos de la leva, extendiéndola a los ciudadanos pobres, teniendo que hacerse cargo sus vecinos del pago de los impuestos y del mantenimiento de estos nuevos soldados.


El emperador acometió una redefinición provincial, dividiendo el “thema” de la Hélade en dos: Uno para la Grecia Central y otro para el Peloponeso, de donde fueron expulsados los colonos eslavos. Los arcontados de Cefalonia y Tesalónica crecieron, adquiriendo el rango de provincias y reforzándose sus regimientos. La ciudad de Patras fue premiada por resistir un ataque combinado de árabes y eslavos, siendo elevada a la condición de metropolitana y reconstruyéndose sus iglesias. Mediante traslados y recolonizaciones Nicéforo buscó el equilibrio poblacional dentro del Imperio. Muchas familias tuvieron que marchar de Anatolia a Grecia para disminuir la presión interna de los eslavos. Otros colectivos menos afortunados se vieron obligados a instalarse en las mismísimas fronteras continentales, por lo que pocas noches dormirían tranquilos, tan expuestos a las expediciones externas de hostigamiento. El excelente blindaje diseñado por Nicéforo pronto se vendría abajo al sufrir frente a los búlgaros una derrota numéricamente escalofriante.


El título imperial de Nicéforo se avenía mal con el nombramiento que el pontífice romano había otorgado a Carlomagno, rey de los francos, coronándole como emperador y por tanto heredero de la misión de unificar Europa bajo una sólida soberanía de corte cristiano. Los imperios franco y bizantino entraron en una dinámica de choque propagandístico y religioso, lo que provocó incluso que Dalmacia y el Véneto se pasasen temporalmente al bando carolingio. Fue necesario que una flota bizantina alcanzase las provincias rebeldes para imponer allí nuevamente la autoridad de Nicéforo, si bien la fidelidad de estos territorios pronto se tambalearía otra vez.


El tesoro imperial se recuperó de su anterior carestía gracias a las rígidas medidas fiscales de Nicéforo, el cual puso fin a las exenciones impositivas de las que disfrutaban los comerciantes urbanos y las instituciones eclesiásticas, restableciendo además los gravámenes capitalinos y sobre la importación de esclavos. Se fijó con gran escrupulosidad la capacidad impositiva de los hombres libres, se corrigieron irregularidades y trampas fiscales, se confiscaron las tierras de los deudores y se forzó a los ricos armadores a invertir en las tierras abandonadas, sobre todo de Asia Menor. Las subidas de impuestos se combinaron con decretos retroactivos, de modo que los antes exentos tuvieron que pagar todo lo que les habría correspondido desde el primer año de reinado de Nicéforo. Se gravaron especialmente las donaciones y las fortunas de reciente adquisición. Esta orgía recaudatoria soliviantó a distintos sectores, como el monástico, donde se urdieron conspiraciones. El Estado era el único que por ley podía prestar dinero a interés, obligando además a los grandes comerciantes a adquirir préstamos innecesarios que revertían en la ampliación de sus negocios. De forma curiosa, las medidas fiscales de Nicéforo extendían prácticas cristianas entre la gente, tendiendo de manera rigorista a la igualación de la riqueza. La intromisión en las iniciativas económicas privadas supuso cierta nacionalización de los recursos con fines esencialmente militares. Aldeas y soldados quedaban detalladamente inscritos en los catastros, que sirvieron para vigilar el sistema de equiparación comunitaria de su nivel de vida.


Desde mediados del siglo VII, contingentes de ascendencia turcomana penetraron por las fronteras nororientales del Imperio, estableciéndose al Sur del Danubio tras rechazar las acometidas bizantinas. Se trataba de los búlgaros, tribus progresivamente eslavizadas que se convirtieron en la pesadilla balcánica del poder grecorromano. Su eslavización y mezcla con otros pueblos fue paralela a la pérdida o atenuación de algunos de sus rasgos físicos característicos, como los ojos rasgados. Los búlgaros se fueron haciendo con el control de extensas áreas rurales, llegando a configurarse bajo el jan Tervel (701-718) como un Estado bien cohesionado, rival o aliado esporádico de los bizantinos. Tervel ayudó al emperador bizantino Justiniano II a recuperar su trono en el año 705, haciéndose así acreedor de grandes honores, como el título de César. El tratado suscrito en el año 716 entre bizantinos y búlgaros permitió a estos últimos recibir un tributo anual y ocupar fértiles tierras cerealísticas en el Este de Tracia. El respeto mutuo duró hasta el año 756, momento en que el emperador bizantino Constantino V (741-775) reforzó las fronteras con prisioneros armenios y sirios para evitar el lento pero constante avance colonizador búlgaro. Constantino V emprendió frecuentes campañas militares para frenar la expansión eslava. Consiguió buenos resultados, pero murió finalmente en una incursión de los búlgaros, a quienes fue preciso comprar la paz. Los caóticos reinados iconódulos posteriores dieron aire a los enemigos del Imperio, árabes y búlgaros, los cuales fueron minando la resistencia bizantina en distintos puntos fronterizos.


Llegado el año 809, el Imperio Bizantino comenzó a preparar una colosal campaña para intentar quebrar la tranquilidad búlgara y recuperar el control sobre la línea danubiana. A las primeras expediciones punitivas respondió enérgicamente el jan Krum, el cual consiguió derrotar a algunas tropas imperiales cerca del río Strimon. Avanzó después hasta Sérdica (la actual capital búlgara de Sofía), ciudad que saqueó y a la que dejó sin fortificaciones útiles. Las fuerzas de Nicéforo devolvieron el golpe al atacar con éxito Pliska, que por entonces era el principal centro político y administrativo búlgaro. Los soldados bizantinos se mostraron indisciplinados al negarse a reconstruir las murallas de Sérdica. No quisieron hacer de operarios, dando ya un aviso de su escasa implicación en los altisonantes proyectos de restauración física y anímica del Imperio.


A mediados del año 811, un numeroso ejército bizantino se concentró en las proximidades de la ciudad fronteriza de Markellai, exhibiendo su poderío. Los espías búlgaros llevaron la noticia al jan Krum, que solicitó inmediatamente la paz, dispuesto a realizar multitud de concesiones. Pero Nicéforo, en posición favorable, se negó a negociar. Lanzó varias acometidas de distracción con pequeños contingentes. Más tarde el total del ejército se dividió en dos cuerpos, que avanzaron separadamente, uno cerca de la costa y otro por el interior, para encontrarse en Pliska. Allí barrieron a la guarnición búlgara, cometiendo toda clase de desmanes sobre la ciudad. Otro destacamento búlgaro enviado por Krum para auxiliar a su capital fue igualmente vencido. Durante una semana Pliska ardió, incluyendo el palacio real y las casas de los boyardos. Los soldados acumularon un buen botín personal. Las numerosas personalidades ilustres que acompañaban a Nicéforo le felicitaron repetidamente por su victoria, sin presagiar que pronto morirían con su emperador. Krum envió una nueva misiva solicitando la paz, pero no obtuvo respuesta.


Saciada de sangre, la comitiva militar bizantina, en la que se integraban tanto fuerzas profesionales como voluntarios de baja extracción social, inició una lenta marcha hacia Sérdica. Alcanzó la cordillera balcánica, introduciéndose en un valle cuyos angostos accesos fueron cerrados con grandes empalizadas por los búlgaros. Al descubrir el engaño, Estauracio, el hijo del emperador Nicéforo, así como otros generales, propusieron asaltar cuanto antes las defensas que taponaban el valle. Pero el “basileus” se mantuvo frío, sin valorar la gravedad de la situación, y decidió acampar. Los soldados bizantinos apenas fueron informados de la trampa en que estaban inmersos, para intentar así mantener su calma. Minusvaloraron el griterío que al caer la noche escucharon proceder de las laderas que los rodeaban. Antes de amanecer, el 26 de julio, la caballería búlgara atacó directamente al grupo de tiendas en que dormían el emperador y sus cortesanos. Nicéforo y su guardia personal debieron de perecer en los primeros instantes de la batalla, dejando a su ejército sin timón. Es seguramente falso que el “basileus” yaciese aquella noche con sus supuestos amantes masculinos como si nada ocurriese. Es más bien un bulo historiográfico difundido por sus detractores para intentar hacer más humillante su derrota. El cuerpo de Nicéforo fue guardado cuidadosamente para ofrecérselo a Krum tras la batalla.


Las tropas bizantinas, desperdigadas en varios campamentos, no tuvieron capacidad para organizarse. Tanto las fuerzas de la capital como las provinciales se dispersaron desordenadamente, intentando eludir el choque con los enemigos. Las zonas pantanosas ralentizaron la huída, lo que permitió a los perseguidores búlgaros dar muerte a muchos rezagados. Una de las empalizadas que cerraba la salida del valle pudo ser incendiada por los soldados bizantinos, pero en el proceso las bajas fueron numerosas, tanto por el acoso de los arqueros búlgaros como por la dificultad de salvar el foso que había sido excavado tras los maderos. Entre los que consiguieron escapar, dirigiéndose con desesperada premura a Adrianópolis, estaba el hijo de Nicéforo, Estauracio, si bien con una severa herida medular que le paralizó las extremidades inferiores y provocó meses después su muerte.


Dos tercios del ejército bizantino, cuyos efectivos desplazados totales ascendían a unos 80.000 hombres, resultaron neutralizados en aquella batalla entre muertos, heridos y prisioneros, incluyendo altos dignatarios, ministros, generales y funcionarios. Los soldados búlgaros presentaron el cadáver de Nicéforo al jan Krum, el cual ordenó su empalamiento. Tras permanecer así varios días expuesto para su oprobio, al cuerpo se le segó la cabeza, elaborándose con su cráneo una copa bañada en plata. Ésta fue la llamada copa de Krum, con la que el jan bebió en momentos alegres o solemnes hasta el final de sus días, no muy lejano. Los pocos patricios bizantinos huidos nombraron emperador a Estauracio. Pero al estar lisiado encontró muchos problemas para hacer efectivo su poder. Tuvo que retirarse a un monasterio, donde murió al poco tiempo. Como nuevo “basileus” fue elegido el yerno de Nicéforo, que estaba casado con su única hija, Procopia. Se trataba de un funcionario palatino llamado Miguel Rangabé, que pasó a reinar como Miguel I (811-813).


La batalla contada anteriormente pasó a la historia como la batalla de Pliska, englobando por tanto sus distintas fases, desde que los bizantinos tomaron la capital búlgara hasta su estrepitosa derrota final. Sería más correcto denominar a su última fase con el topónimo del lugar en que acaeció, pero es que el enclave exacto no se ha podido determinar. Hay quien ha propuesto el nombre de “Paso de Varbitsa”, al tratarse de un valle de angostos accesos. El lugar estaría próximo a las montañas de Stara Planina. Francisco Aguado, que estudió y narró el combate de forma excelente, piensa que pudo tratarse del valle del río Tica, o de otro de los ríos próximos, en las estribaciones de los Balcanes. La victoria de Krum fue uno de los momentos claves de la historia búlgara, pues la entidad de su incipiente Estado quedaba apuntalada, tanto territorialmente como a nivel de prestigio. Frente al exterminio o absorción propuestos por el Imperio, Bulgaria replicaba militarmente con su presencia real como territorio danubiano autónomo.


El jan búlgaro manejó para la paz unas condiciones inaceptables por los bizantinos, lo que hizo que la guerra prosiguiese. Los monjes estuditas presionaron para que no se firmase una paz deshonrosa. En la siguiente primavera, en el año 812, Krum conquistó la ciudad pontoeuxina de Develtos, ordenando la deportación de todos sus habitantes. En noviembre tomó tras su asedio la ciudad de Mesembria (Nessebar), donde se hizo con metales preciosos y con arsenales de fuego griego. Ya a mediados del año 813, consiguió vencer nuevamente a las tropas bizantinas en Versinicia, lugar en que se produjo la deserción del contingente anatolio mandado por el ya pronto emperador León V (813-820). El supersticioso pueblo bizantino, soliviantado además por el alto precio del trigo, interpretó la derrota como un castigo a las directrices políticas empleadas, por lo que reclamó la vuelta a la iconoclastia. Un motín militar otorgó el poder al traidor de Versinicia, León V, que vio así colmadas sus ansias. El depuesto emperador Miguel I y su esposa Procopia fueron enviados a un monasterio, mientras que sus hijos pagaron su estirpe real con la castración, cortándose así su dinastía.


Pocos días después, el ejército búlgaro llegó ante el triple recinto amurallado de Constantinopla. Viendo la imposibilidad de conquistar la urbe, Krum pidió sin éxito un acuerdo. Logró escapar con vida de una treta consistente en un falso combate singular entre él y el nuevo “basileus”. Con ello evitó quizás verse también él convertido en copa, o ser objeto de uno de los refinados castigos griegos. Enfurecido por la asechanza, destruyó todos los barrios extramuros de Constantinopla, tomó las ciudades de Hebdomon y Selymbria, y mandó a los habitantes de Adrianópolis más allá del Danubio. Los bizantinos lograron una victoria de alivio cerca de Mesembria, pero ambos bandos preparaban aún la batalla decisiva. Krum en el año 814 se lanzó otra vez sobre la ciudad del “Cuerno de Oro”, encontrándose con una muerte repentina. El tratado posterior firmado entre León V y el nuevo jan búlgaro Omurtag (814-831), hijo de Krum, preveía una paz de treinta años. La paz fue necesaria para que Omurtag consolidase su poder frente a otros pretendientes al trono.


La amenaza búlgara encarnada por Krum no había hecho peligrar la pervivencia del Imperio Bizantino, pero supuso un serio revés en su política de integración étnica tras previo semiexterminio, teniendo que reconocer la existencia de un sólido pueblo autónomo y culturalmente extraño dentro de lo que habían sido sus fronteras. El título de jan, término de origen turco-mongol alusivo al máximo gobernante búlgaro, y en ocasiones pospuesto al nombre del soberano, tendría todavía muchos detentadores, pero quedaría también vacante en largos períodos de ocupación exterior. En las alternativas por el poder en la región las armas favorecieron en diversas ocasiones a los bizantinos, como en el año 1014, cuando a consecuencia de la batalla de Kleidion, unos 14.000 prisioneros búlgaros y macedonios fueron cegados, dejándose sólo tuertos a unos 140 para que sirviesen de guías a tan terrible procesión en el regreso a su hogar. Pero los hijos de los ciegos ven, y escuchan las historias de sus padres, y no olvidan.


Con la muerte de Krum, el cual había reinado once años, se pierde el rastro historiográfico del fetiche de su siniestra copa, símbolo bárbaro y primigenio del deseo búlgaro de Independencia. Además de conseguir importantes victorias sobre los bizantinos, el jan logró derrotar a los ávaros, pueblo nómada que en gran parte se mezcló con los búlgaros. Krum no es sólo recordado por su actividad militar, sino también por leyes beneficiosas relacionadas con la protección social de los sectores poblacionales más débiles. Dictó además normas estrictas contra la mentira, el robo, la embriaguez y las violaciones. Los castigos podían consistir en la pérdida de propiedades, la amputación de extremidades o incluso la muerte. Su intrincada personalidad, salvaje y noble a la vez, inspiró a diversos escritores europeos posteriores, principalmente de los siglos XVI y XVII, que le hicieron intervenir con su propio nombre u otros inventados en sus novelas. Encontramos a Krum como personaje de ficción en obras de Montaigne, Rabelais, Corneille, Shakespeare y Gryphius. En la saga narrativa actual de Harry Potter, salida de la imaginación de la escitora J. K. Rowling, aparece también un joven búlgaro de impetuoso carácter llamado Viktor Krum, lo que revela fácilmente la procedencia de la inspiración.


Quizás no es la mejor de las formas de dar la bienvenida a Bulgaria a la Unión Europea el rememorar uno de sus primeros episodios de lucha por la supervivencia, pero está en todo caso claro el atractivo histórico de aquellos sucesos que marcaron sus inicios como pueblo libremente constituido, salpicado de largas intermitencias de opresión. Así como en ocasiones puntuales la barbarie rompe la convivencia en las naciones modernas, paralelamente la violencia organizada de las antiguas civilizaciones o de los pueblos emergentes es fácilmente idealizada. Sobre todo si aquellos pueblos lograron pervivir como Estados, convirtiéndose su antigua lucha en catecismo escolar. Igual de roja ha sido siempre la sangre. Tanto vale nuestra vida como valió la de cualquier ser humano de cualquier época. Lo mismo valían la vida de Nicéforo I, cuyo nombre paradójicamente significa “el que lleva la victoria”, y la del jan Krum. El primero luchó por un Estado que ya no existe, como lo hizo hasta el último de sus ciudadanos y emperadores. El segundo tiene aún una nación que le considera héroe, y cuyos niños aprenden sus hazañas: Bulgaria.



Bibliografía consultada por el autor:

Aguado; “La batalla de Pliska” (En Internet).
Cabrera; “Historia de Bizancio”; 1998.
Maier, Beckedorf, Hartel, Hecht, Herrin, Nicol; “Bizancio”; 1974.
Norwich; “Breve Historia de Bizancio”; 2000.
Ostrogorsky; “Historia del Estado Bizantino”; 1984.
Patlagean, Ducellier, Asdracha, Mantran; “Historia de Bizancio”; 2001.
Treadgold; “Breve Historia de Bizancio”; 2001.


Autor del texto: Víctor Manuel Dávila Vegas.-

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