domingo, abril 22, 2012

LOS TEMIBLES JENÍZAROS BÚLGAROS



Uno de las mayores tragedias, por no decir la peor, que tuvieron que sufrir los búlgaros como pueblo, fue la invasión y conquista de sus tierras por manos de los sanguinarios y crueles otomanos, uno de los ejércitos más temibles de aquellos tiempos por su crueldad, fanatismo y codicia, extremos. A pesar de la fortaleza física y moral de los pueblos balcánicos, no cabe duda de que los turcos pudieron conquistar la península de los Balcanes, porque no atacaron a un estado organizado, ni a un pueblo homogéneo, sino a estados y a pueblos de diversa índole: griegos, búlgaros y serbios estaban completamente divididos en varios pequeños estados, y eso debilitó terriblemente su poder. Esos pueblos y estados no supieron concertarse ni para resistir ni para atacar al enemigo común: los turcos; los recelos entre ellos, los disociaba. y así ocurrió como los emperadores griegos, contribuyeron a que los otomanos entraran en Europa, por el hecho de haberles pedido auxilio, repetidas veces, en sus contiendas con los serbios y los búlgaros.

KarlFM.-

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Pero, al margen de este característica importante, la principal causa de la victoria de los turcos fue la enorme superioridad de los ejércitos permanentes de Orckhán, hijo de Otham, y fundador del gran Imperio Otomano. Gran parte de ese ejército estaba comprendido por soldados de caballería llamados Espahís ligeramente armados con un sable corvo muy afilado, llamado cimitarra, y una larga lanza, y los denominados Jenízaros, la infantería otomana. A estas tropas las llamaban yeni (nueva) cheri (milicia), expresión de la cual ha salido el vocablo Jenízaro. Los Jenízaros, fueron un cuerpo de soldados de infantería creados por el Sultán Murad o Amurath I en 1330 ya que tenía derecho no sólo a un quinto del botín de guerra de los territorios conquistados o sometidos, sino también a un quinto de los cautivos.

Para reclutar esta infantería, los turcos robaban los niños cristianos; en Bulgaria los secuestros fueron brutales, hasta el punto de que ha quedado permanentemente clavado en la memoria histórica del sufrido pueblo de Bulgaria. Existe una película búlgara que relata este hecho con extrema dureza, Time Of Violence, cuyo titulo original es Време разделно y está basada en una novela, del mismo nombre, del autor búlgaro Anton Donchev, escrito en 1964; la película se estrenó en 1988. 

La historia empieza en el siglo XVII, en una región cristiana de Bulgaria, seleccionada por los gobernantes otomanos para servir, como ejemplo, a la conversión islámica. Un jenízaro que fue secuestrado de pequeño es enviado para obligar a los reacios a la conversión. El gobernador turco trata de buscar una solución pacífica, pero a la larga estallan la violencia, la tortura y la rebelión. La versión íntegra búlgara consta de 288 minutos divididos en dos episodios. La tortura, la violencia, el odio, y la rebelión a punto de estallar, son las claves guionisticas del film. Los sacerdotes musulmanes, encargados de educarlos, hacían de ellos verdaderos fanáticos. Esa forma de reclutamiento tenía doble ventaja: debilitaba las poblaciones cristianas búlgaras y daba al soberano turco, hombres que, debiéndoselo todo, no conocían a nadie más que a él, a quien estaban consagrados en cuerpo y alma.

Tiempos de Violencia es una película repleta de símbolos, que reconstruye los detalles la invasión turca en el siglo XVI, pero a la vez, trata a los temas como el parricidio, el odio fraternal, y la paradójica imposibilidad de la existencia de un solo un Dios para todas las gentes.

Nevena Angelova


PARA VER LA PELÍCULA (PULSAR EN “CC” PARA ACTIVAR LOS SUBTITULOS EN INGLÉS, ALEMÁN O BÚLGARO. LA VERSIÓN ORIGINAL ES EN BÚLGARO).

ADVERTENCIA:  EXISTEN SECUENCIAS QUE POR SU CRUELDAD PUEDEN HERIR LA SENSIBILIDAD DE LOS ESPECTADORES. LA PELÍCULA ESTÁ BASADA EN HECHOS COMPLETAMENTE REALES.

Parte primera

Parte segunda

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Agradecimientos a YouTube.com




Los Jenízaros, agrupados por compañías de cien hombres, estaban sometidos a una disciplina rigurosa. Eran a modo de soldados monjes que no interrumpían sus ejercicios militares sino para recitar las oraciones u oír los sermones de sus capellanes. Eran soldados de por vida, y les estaba prohibido casarse; por consiguiente, como ignoraban quienes eran sus padres, la única familia que tenían se reducía a sus compañeros y las pasiones que los conducían eran el oficio y el fanatismo religioso. No existía ninguna tropa en Europa que pudiera compararse con aquella que bien pronto contó cuarenta mil hombres.

Los Jenízaros eran adiestrados bajo una disciplina estricta con duros entrenamientos físicos, enseñanzas del empleo de armas de la época y tácticas militares así como una impecable educación (aprendían diversos idiomas, literatura, contabilidad, etc.) y en condiciones prácticamente monásticas en las escuelas Acemi Oğlanı. En dichas escuelas de instrucción se esperaba que permanecieran célibes y fueron alentados a convertirse al Islam, lo que la mayoría hizo.

Eran conocidos por su ferocidad y su fanatismo. Eran tales su prestigio y sus privilegios que, desde el siglo XVI (1680), fueron muchos los que se inventaron todo tipo de argucias para alistarse en sus filas e incluso terminó permitiéndose el alistamiento en sus filas de los propios turcos, y no era raro encontrarse incluso con hijos de la nobleza entre sus filas, a partir de esa fecha, y hasta su disolución en 1826, comenzó su lenta decadencia como organización militar de élite y se inicia su cada vez mayor intervención en las intrigas palaciegas y la los asuntos de la política, llegando en ocasiones a la insurrección armada directa y al derrocamiento del sultán (y entronamiento de un sultán alternativo).

Tras décadas de ineficiencia en combate y abusos de influencia política, mezclados con indisciplina y ambición, los jenízaros se habían convertido en un problema para el gobierno del sultán, pero su poder militar los hacía aún temibles para la aristocracia otomana, en tanto los jenízaros podían promover revueltas palaciegas para deponer o nombrar sultanes, a imitación de la corrupción ocurrida en la guardia pretoriana de Roma. Finalmente, en 1826, los Jenízaros fueron disueltos y desbandados violentamente por el sultán Mahmud II en el llamado Incidente Afortunado, que suprimió por la fuerza a esta tropa.
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