miércoles, enero 25, 2006

BABA MARTA Y MARTENITZA

El filósofo escocés David Hume escribió: "la costumbre constituye la guía fundamental de la vida humana". Efectivamente, el conocimiento de las costumbres supone una guía importante para comprender el alma de un país y de sus gentes.

Una de las festividades tradicionales más típicamente búlgaras es la celebración de la llegada del mes de Marzo (Baba Marta: la anciana o abuela Marta) con el intercambio fraternal de lo que llama “mártenitza”: figuritas de hilos blancos y rojos entrelazados, que hoy en día pueden convertirse en auténticas obras de artesanía y llevar diferentes adornos con estricto significado de carácter dualista, relacionado con los ancestrales cultos solares. De hecho, la simbología que esconden las figuritas blanca y encarnada (sinónimo de morada en la antigüedad) “atadas” mediante un lazo de unión firme es prácticamente idéntico al conocido símbolo dual: Yin-Yang.


El nombre actual del mes de marzo – Marta – proviene, al igual que en los idiomas romances, del nombre latino Martius (de Marte), aunque antaño su nombre se derivaba de abedúl: el árbol que anunciaba con el temprano brote de sus hojas y su savia, la llegada de la primavera y, quizás, también la claridad diurna que iba en aumento.

Los rituales folklóricos relacionados con esta festividad que perviven en la memoria nacional búlgara están relacionados, sin duda, con la ancestral celebración de la llegada del Año Nuevo y la despedida del viejo que trasluce en el significado de algunos de ellos, como el madrugar de las doncellas al alba para asegurar su vitalidad a lo largo de todo el año que sigue la lógica de “empezar con buen pie” para terminarlo “con bien" igualmente: se dice que ello evita que Baba Marta les mee en los ojos y que se presente alegre y feliz por la bienvenida que le han hecho, cosa que aseguraba buen tiempo a lo largo de todo su dominio que, por lo demás, suele caracterizarse por la inestabilidad climática, razón por la que se solía practicar cierto tipo de adivinación, escogiendo un día del mes para conocer los augurios personales para el año entrante. Tampoco era aconsejable cortarse el pelo justo en este tiempo, para no quedarse “corto” de entendimiento.

Cuenta la leyenda más conocida sobre el origen de esta tradición que fue la Mártenitza el mensaje de salud y bienestar que intercambiaron el khan (can) Asparuh (que formó la Bulgaria balcánica) y su querida hermana, cuando él tuvo que partir con parte de su pueblo desde las lejanas montañas tibetanas en busca de nuevos territorios, obligado por el avance de los jázaros. Después de su largo camino atravesó el Danubio y acampó en tierras habitadas por los eslavos que le recibieron amistosamente con ricos manjares y los exuberantes frutos de su bendita tierra. Pero el corazón del joven khan lloraba por la añoranza de su tierra natal y su familia, y su lamento se levantó hasta el sol que, consternado, hizo descender a su hombro una veloz golondrina (paloma o halcón en otras versiones) que le habló con voz humana y él le confió su pena. Emprendió ella el camino de vuelta a las tierras de su padre Kubrat y al llegar allí dio el mensaje de la creación de su nuevo estado a su querida hermana (Calina) y familiares. En señal de su alegría le hizo ella un verde ramito (de sagrado eneldo) envuelto en lana blanca con nudos que cifraron su mensaje, así como era la costumbre entre los búlgaros, y lo mandó de vuelta con la misma golondrina. En pocos días llevó el pájaro el mensaje a Isperih, pero tuvo que pagar su rápido y abnegado vuelo con una herida en sus alas que encarnó de sangre la blanca lana. Al descifrar el khan el mensaje de su hermana y percatarse de la fidelidad de su mensajera celestial, guardó la ramita adornada con la lana blanca y encarnada cerca de su corazón y mandó a todo su pueblo que hiciera lo mismo, en conmemoración de este día, de generación en generación ...

La mañana del día 1 de marzo se prende una gran hoguera con mucho humo delante de cada casa. Más tarde se salta por encima de ella hasta tres veces, para purificarse de todo mal y enfermedades. Las amas de las casas sacan sus alfombras, manteles y tejidos de color carmesí con los que cubren los árboles de su huerto y, acto seguido, adornan los pechos de cada uno de los suyos con la mártenitza.

Los cristianos cuentan que antaño, cuando la gente todavía vivía radiante y feliz, solía vestir en este día ropajes blancos. En una mañana de 1 de marzo del mismo año del nacimiento de Jesús, La Virgen María vestida de blanco había cortado un trozo de su túnica, delante del hogar paterno y la había encarnado en su sangre virginal para adornar con ella su pecho y recibir así los primeros rayos del sol para anunciar al mundo la bendición que les esperaba… Y, así, había nacido el Señor Jesucristo, cosustancial con el Dios Padre, encarnado por el Espíritu Santo y la Virgen María, Su Madre Santa. Desde entonces la llamaron “mártenitza” y con ella conmemoran los piadosos búlgaros y todas sus casas esta gran bendición que les fue anunciada…

Se trata de una especie de amuleto que tiene poderes mágicos y asegura fertilidad, salud y felicidad a los que lo llevan. Los pequeños de la casa adornan con ellas su brazo derecho, el pecho o el cuello y las doncellas pueden llevarlas en el pelo. Los varones, en cambio, las atan por encima del codo o tobillo izquierdo o las esconden debajo del talón del mismo lado, no vaya a ser que “les fuera atada la hombría”. Se ponen también al ganado y los árboles frutales para asegurar un año de prosperidad. En la tradicional mártenitza se entrelazan monedas, dientes de ajo seco, cuentas de color azul, anillos, cerdas de cola de caballo, conchas, etc.

Suelen llevarse hasta ver la primera golondrina, cigüeña o árbol en flor que anuncien la llegada de la primavera y entonces se atan en las ramas de un árbol con las palabras: “llévate mi oscuro y malo invierno y tráeme el claro y bendito verano” . Aunque se celebre también en Rumania, Moldovia y, antiguamente, en Macedonia, hay que reconocer también la presencia de importantes comunidades de origen búlgaro allí.

miércoles, enero 18, 2006

KUBRAT KHAN, EL PADRE DE LA "GRAN BULGARIA"



"Mientras los Búlgaros y sus líderes políticos estén unidos, Bulgaria será invencible, si dicha unidad se rompe Bulgaria sera barrida". 

KUBRAT KHAN.-

Los búlgaros fueron un pueblo nómada y belicoso procedente de Asia Central, emparentado con los Hunos. Según las últimas investigaciones al respecto los primeros "janes" (1) búlgaros hacían remontar sus orígenes al legendario Atila, Rey de los Hunos. En el 632, Kubrat Khan, que había vivido en Constantinopla, donde adquirió grandes conocimientos como hombre de Estado, siempre tuvo en su mente la idea de la unidad tribal de los búlgaros; gracias a su ingenio consiguió unir a todos los clanes en una confederación de tribus independiente del "Khanato Turkut" que las regía y oprimia previamente. Ya en la primera mitad del siglo VII, los búlgaros, bajo su Kubrat Khan, habían formado un reino al norte del Mar Negro, que los bizantinos denominaron "Gran Bulgaria".

Las relaciones pacíficas con Bizancio permitieron que el Khan defendiera la independencia de esa "Gran Bulgaria" contra los ataques continuos de los "Khazares". Existe una leyenda que narra que antes de morir, Kubrat Khan ordenó a sus hijos traer un paquete de palillos diciéndoles que lo rompieran en dos. Cuando ninguno de los hijos logró romper el paquete, el Khan tomó los palillos y los rompió, uno por uno, con sus manos débiles. Los hijos entendendieron pronto el mensaje de su padre: su fuerza dependía de su unidad. Las cronistas de Bizancio, "Theophanes" y "Nicephorus", escribieron que el legado de Kubrat Khan a sus hijos debía preservar la unidad del pueblo búlgaro ya que así dominarian por todas partes y nunca se convertirian en esclavos de otra gente. El Khan murió una cierta hora después, en el año 651, clamando que su sentencia final fuese respetada. Los cinco hijos, sin embargo, entraron en diferencias y se separaron por lo que el sueño de la "Gran Bulgaria" fue cayendo gradualmente, parte por parte. En consecuencia de ello, los búlgaros fueron expulsados por los jázaros (khasares), y la "Gran Bulgaria" lograda por Kubrat Khan fue dividida entre sus cinco hijos. Los Kazares, ante un estado dividido, lograron someter al primer hijo de Kubrat Khan, Batbayan (Bayan), que había permanecido en su tierra nativa. El segundo hijo, Kotrag, logró fundar un nuevo estado en la confluencia del Volga y del Kama, estado que sobrevivió hasta principios del siglo décimotercero. El tercer hijo, Kuber condujo parte de los búlgaros a Pannonia y Macedonia. El cuarto, Altsek y su grupo de búlgaros alcanzaron Italia. Finalmente, el quinto, Asparukh, condujo una de las tribus de búlgaros al oeste al delta de Danubio donde puso los cimientos del primer gran estado búlgaro, que llegó a sobrevivir 13 siglos. Desde su capital Pliska se expandió a expensas de Bizancio hasta incluir Macedonia. De todos los hijos el único que logró satisfacer el legado de su padre fue Asparukh, el más joven de todos los hijos.

(1) Jan es en origen un título turco-mongol que significa gobernante. Se pospone al nombre. Con frecuencia lo encontramos transcrito como khan (transcripción inglesa o francesa, ya que estas lenguas no poseen el sonido jota), y en ocasiones, erróneamente, como kan. En turco moderno se escribe han.

EL RUGIDO DE KRUM KHAN


Krum Khan, uno de los cinco hijos del legendario Krumat Khan, fue el khan que reinó Bulgaria desde el 803 hasta el 814. El En la primavera de 809 arrasó Sardica. Nicéforo decidió contraatacar y dos años después cruzó la frontera al frente de un potente ejército, destruyendo la capital búlgara. Nicéforo persiguió al khan búlgaro pero éste reaccionó y cercó a los bizantinos en las montañas. La derrota bizantina en Adrianópolis fue terrible, muriendo el propio emperador cuyo cráneo fue convertido en copa para especial regocijo de Krum. Los ejércitos de Krum asestaron una derrota devastadora a las fuerzas invasoras bizantinas en 811 y, prosiguiendo la ofensiva, casi consiguieron en 813 la toma de Constantinopla. Las relaciones búlgaro-bizantinas posteriores fueron relativamente pacíficas y prosiguieron así durante la primera mitad del siglo IX. Los sucesores directos de Krum ampliaron sus dominios, principalmente en la región de Serbia y Macedonia.

LA SALVACION DE JUDIOS BULGAROS DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Despues de la entrada de las fuerzas alemanas en Bulgaria en marzo de 1941, los nazis presionaron al gobiemo del rey Boris III para enviar a la población judía a los campos de exterminio. En marzo de 1943 salió la orden de deportación. En varias ciudades concentraron a los judíos alrededor de las estaciones ferroviarias para embarcarlos a los campos de muerte. Cuando Demiter Peshev -vicepresidente de la Asamblea Nacional- lo supo encabezó una serie de protestas, demostraciones y debates parlamentarios. La iglesia Ortodoxa Bulgara, bajo sus dos lideres: los metropolitanos Stefan y Kiril, movilizó a sus fieles y a ellos se sumaron los intelectuales, abogados, profesionales y el pueblo entero. El rey Boris III decidió revocar la deportación y los judíos volvieron a sus casas. Lamentablemente en las zonas ocupadas por las hordas nazis fueron exterminados mas de once mil judíos. He aqui el testimonio vivo de una superviviente búlgara:

"Soy de Bulgaria y siento un ineludible deber de contar la historia de nuestra salvación durante esta cruenta segunda guerra mundial de la que fuimos testigos y también protagonistas. Quisiera de algún modo demostrar que no toda la población fue compuesta por santos, pero el raciocinio dominó la gran mayoría. Y así quisiera expresar mi agradecimiento por haber nacido en Bulgaria, por la instrucción que nos fue dada a toda mi generación y por el privilegio de haber conocido el significado de ser protegida en los momentos más cruentos de mi vida y la de los míos.

La década del 30 se presentó pesada, cargada de incertidumbre política, Hitler fue elegido canciller de Alemania, dio comienzo la guerra civil española, las tropas de Mussolini ocuparon Abisinia. El soplo de esperanza fueron los varios viajes de Sir Neville Chamberlain, saludando a su pueblo con su paraguas en alto. Los años 1938-1939 demostraron que con buena voluntad no se había conseguido nada. Cayó Austria, luego los Sudetes y después toda Checoslovaquia. Dicen que el Rey de Bulgaria Boris III amargamente comentó: “Mi ejército es pro alemán, mi esposa es italiana, mi pueblo es pro ruso. Solamente yo soy pro búlgaro”. El rey, de este modo trató de mantener a Bulgaria neutral, fuera de la guerra que se avecinaba.(...) Por las calles de Sofía se veían pasear hombres y mujeres rubios con ojos azules. La gente murmuraba: “Deben ser de la quinta columna" (1).

En marzo de 1941 el primer ministro búlgaro Bogdan Filov con orgullo firmó el “pacto de no agresión con el eje Berlín-Roma”. Al día siguiente los rubios de ojos azules trocaron su ropa civil por flamantes uniformes del ejercito alemán. Durante el otoño de 1940 se publicó el proyecto de la “Ley para la defensa de la nación”. ¿De quién tenían que defenderse? De los malvados judíos, por supuesto. Y así comenzó nuestro calvario:

1) Todos los objetos de metales preciosos, gemas y otros, menos las alianzas de los casados, debían ser colocados en bolsitas, rubricadas y entregadas al Banco de la Nación.

2) Se evaluaron todas las pertinencias judías, fueron tasadas y por única vez se cobró un elevado impuesto. Muchos debieron vender algunos objetos para poder pagarlo.

3) Todos los judíos a partir de los 10 años, debían tener cosidos del lado izquierdo de todas las prendas que usaban encima de la ropa interior, la estrella de David en amarillo y negro (el odio y la muerte). Al sacarse alguna prenda, no podía quedar la camisa o vestido sin la insignia de judío.

4) Las entradas a los departamentos o casas debían tener el funesto indicio de que ahí habitaban judíos. Eran cartones blancos, en cuyo centro se hallaba la estrella de David, bordeada de negro y luego en letras negras decía “Domicilio del judío...”

5) Llegó el turno de devolver los teléfonos al estado.

6) En aquel entonces ninguna casa tenía más de un radio receptor. Se los envolvió con las respectivas etiquetas de propiedad y fueron entregados al depósito del correo central. Los amigos nos visitaban para contarnos las noticias que habían oído por la onda corta de Londres (la BBC) y de Estados Unidos (la Voz de América), siempre en búlgaro. Evitaban comentar las noticias acerca de los campos de concentración. Nosotros sabíamos algo sobre dichos campos, pero creíamos que eran noticias tendenciosas de los aliados.

7) Y llegó otra medida contra nosotros. Nos dieron tres días para abandonar nuestros domicilios. Debíamos mudarnos a un barrio alejado del centro residencial. No era un gheto, simplemente era un apartado. Poco antes de esta última medida, llegó de Belgrado nuestra abuela. Arribó con una valija solamente. Sombría y llorando, nos dijo que al abuelo lo habían sacado de casa, se lo habían llevado a un campo de concentración en las afueras de la ciudad y que dos días atrás había sido asesinado. ¿Cómo se podía creer semejante noticia? Sin embargo, nuestro padre comenzó a correr para pedir la expatriación. El abuelo, farmaceútico recibido en Vienna, había sido durante la Primer Guerra Mundial, Capitán de Reserva, condecorado por alemanes y búlgaros, por haber preparado un medicamento contra la malaria.

Amigos del abuelo, compañeros de la Facultad y de Guerra, se enteraron de su desgracia, vinieron a casa y ofrecieron sus servicios. Uno de ellos era suegro de un Coronel importante. Pasados unos pocos meses, recibimos del Ministerio de Guerra búlgaro, una lacónica esquela que decía: “A vuestro pedido acerca de la repatriación de Losiff Pardo, Capitán de Reserva del ejército búlgaro, se ha recibido la siguiente nota de las fuerzas alemanas de ocupación: El judío Losiff Pardo, murió de hemorragia el 4 de Octubre de 1941”.

Desde 1941, todos los hombres de 18 a 46 años de edad, eran convocados a prestar servicios en los “Campos de trabajos forzados”. En 1942, en el mes noviembre, fueron llamados nuevamente para otro período de trabajo que duró hasta octubre del siguiente año. El trabajo fue duro, rompiendo rocas, arreglando líneas ferroviarias. Debían cambiar las trochas angostas de Grecia por anchas, para que coincidieran con las de Bulgaria. Se corrió la voz de que se acercaban convoyes con judíos desde Grecia y era verdad. Se podían escuchar sus gritos en judeo-español: “Hermanos, ayuda!!!! Agua!!!! Pan!!!”. El Jefe del Campo de Trabajos Forzados, prohibió a los hombres que se acercaran a los vagones para que les diesen sus propias provisiones diarias y los amenazó. Los hombres hicieron bultos con sus cantimploras y las raciones de pan, se acercaron a los vagones sin techo y con ímpetu, trataron de que los bultos cayeran dentro de los vagones.

No eran vagones de lujo, sino para cincuenta y cinco personas u ocho caballos, según estaba escrito del lado de afuera. El gendarme que dirigía el campo, no castigó a nadie, se hizo el ciego y ordenó que se distribuyera otra ración de pan. Muchos de los trabajadores enfermaron de malaria y fallecieron. Los que sobrevivieron decían: “Gracias a Dios, estamos en Bulgaria”. Había salido una nueva orden, los judíos no podían transitar por la más bella avenida de Sofía, con sus adoquines color ocre que resistieron terremotos, carros blindados. Hacía tiempo que ya no era permitido circular a los judíos desde las 21 hs. hasta la 6 de la mañana. Toque de queda.

El antisemitismo en Bulgaria siempre estuvo presente, pero era como una costumbre, no era sanguinario, a veces burlón, otras algo agresivo, como cuando aparecieron los grupos de extrema derecha “Kubrat y Ratnitsi”. El historiador inglés R. J. Crampton en su libro menciona: “que el antisemitismo apareció en Bulgaria con la llegada de las tropas libertadoras rusas”.

En febrero fue la caída de Stalingrado. Y el 9 de marzo de 194,3 el comisario para los asuntos judíos Belev, junto con el alemán Dänneker, habían decidido deportar a los judíos según órdenes de una de las oficinas de Adolf Eichmann que funcionaba en Sofía. Sin embargo, sus planes fallaron por la oposición de la gran mayoría del pueblo: iglesias, políticos, organizaciones profesionales, todos encabezados por el venerado, por búlgaros y judíos, Cardenal Stefan y también el Obispo Kiril, que se plantó entre las vías del tren en Plodiv, declarando que el tren debería pasar únicamente sobre su cuerpo. Los planes de Belev fracasaron. La oficina de Eichmann insistía y Belev propuso una postergación, pero siguió elaborando planes: 

a) Uno de ellos, consistía en embarcarlos en grupos de 16.000 personas mensualmente, para que el 30 de setiembre se acabara con todos, pero previamente todos serían reunidos en campos de concentración y embarcados en los vapores que esperaban. 

b) El otro era evacuar de la capital a todos los judíos, enviándolos al norte de Bulgaria para estar más cerca de los puertos. Unos pocos se quedarían en la capital, por ser necesarios para el esfuerzo bélico. Una empleada del comisariato, Liliana Panitza, cometió el error de informar al Dr. Buco Levi. Y un obrero de la imprenta estatal entregó una copia con todos los detalles acerca del futuro de los judíos a un amigo muy allegado. El pánico cundió porque este amigo indignado divulgó todo.

El 24 de mayo comenzaron las corridas entre las sedes judías y el Palacio Real. Mis padres, mis hermanas y todo el resto de nuestra familia, somos sobrevivientes de la tragedia que había enlutado toda Europa. También lo son los 48.000 judíos que habían vivido por siglos en Bulgaria. El Cardenal Stefan, el expremier demócrata Nikola Mushanov, la Princesa Evdokia, hermana del rey, Ekaterina Karavelova, se acercaron a Boris III, con el pedido de leer la carta que los judíos le habían escrito. No tuve el honor de leerla. Ha sido publicada en un anuario judío de 1986, en el volumen XXI, en la página 223: Majestad, en nombre de los hombres, mujeres y niños le rogamos, arrodillados, que extienda su mano paterna, para protegernos, en memoria de aquellos que han caído en los campos de batalla. Denos su protección. Estamos preparados a derramar nuestra sangre por la patria, por Bulgaria, pero dentro de sus límites, no fuera del país.

Hubo una manifestación en pro de los judíos. 63 personalidades, los más importantes políticos pertenecientes a movimientos liberales y democráticos, firmaron un documento muy valioso: Estas medidas pueden ser interrumpidas y defendidas únicamente por su majestad, porque Ud. es el verdadero gobierno. Ya conocemos el final. Siempre se habló de cómo los dinamarqueses salvaron a sus 8.000 judíos. Muy pocos se han enterado de que el pueblo búlgaro, con una población de 6 o 7 millones, salvó de los campos de exterminio a sus 48.000 judíos.

(1) Quinta columna: eran observadores, espías de país extranjero.

Texto: Beatriz Rosanes de Samuilov.-

BASILIO II, "BULGAROKTONOS", EL MATADOR DE BULGAROS


Cuando se desató la guerra abierta en 1002, entre el emperador bizantino Basilio II y el rey de Bulgaria Samuel, éste último había extendido el reino búlgaro desde el Danubio, al norte, hasta bien entrado en Grecia, deteniéndose al norte de Atenas. Sus dominios se extendían desde el Adriático al mar Negro, y todos estos territorios habían sido conquistados durante los 300 años anteriores a expensas de los bizantinos. Basilio estaba ahora decidido a invertir el destino del Imperio.

La guerra asoló los Balcanes los siguientes doce años, durante los cuales tanto Basilio como Samuel lograron victorias sorprendentes. Las fuerzas de Samuel eran considerablemente menores, pero éste fue capaz de evitar un enfrentamiento total, mientras realizaba ataques menores sobre el ejército de Basilio en su avance por el territorio búlgaro. Samuel esperaba desgastar así a las tropas bizantinas, forzándolas a la rendición o al menos a la firma de una paz.

Era el año 1014 d.c cuando el Imperio Bizantino estaba amenazado por las continuas correrías del rey búlgaro Samuel de Bulgaria, quien año trás año, amparado en su fortaleza de Ohrid (ciudad actualmente en Macedonia y fue la segunda capital del primer Imperio Búlgaro tras la caida de la capital principal Veliki Preslav), lanzaba a su ejército para castigar a la población bizantina. Cansado de esta larga guerra de desgaste por el norte y del acoso turco por el sur, el emperador basilio II, decidió atacar a Samuel en una acción que iba a cambiar el destino de ambos imperios. Samuel y su imperio eran una espina clavada en el pecho del emperador, por lo que usó todo su tiempo disponible, su ingenio y su poder, para vencer a su adversario.

Mientras tanto, los búlgaros continuaban defendiéndose de los bizantinos como podían, hasta que en un momento dado el zar Samuel creyó ver una situación ventajosa en el valle del río Struma, y decidió atacar. Finalmente, el 29 de julio de 1014 Basilio II arrinconó al ejército búlgaro y le obligó a luchar en la batalla de Kleidion. Durante un tiempo parecía que la batalla iba a quedar en un empate, pero una unidad bizantina logró rodear el frente enemigo y atacó por la retaguardia. Los búlgaros se asustaron y cayeron en un tremendo desorden. El emperador Basilio II hizo 15.000 prisioneros. Samuel pudo huir hasta la ciudad de Ohrid, y un tiempo después recibió la noticia de que su ejército regresaba. No podía comprender lo que había sucedido. Salió rápidamente al encuentro de sus hombres y al verlos le dio una apoplejía que le llevó a la muerte dos días más tarde: estaban todos ciegos excepto 150 de ellos, que sólo conservaban un ojo. Basilio II había ordenado cegar a todos los prisioneros excepto a uno de cada 100, que fue dejado tuerto para que pudiera servir de guía a sus compañeros. El siempre victorioso emperador bizantino no tardó en ser conocido como Basilio Bulgaroktonos (el matador de búlgaros)".

Bulgaria siguió luchando durante otros cuatro años más, pero terminó sometiéndose en 1018. La victoria sobre los búlgaros y el posterior sometimiento de los serbios supusieron la consecución de uno de los objetivos de Basilio: la recuperación para el Imperio de la antigua frontera del Danubio por primera vez en 400 años.

ASPARUH, EL JINETE BLANCO QUE FUNDO BULGARIA

Antes de que los eslavos se asentaran en las actuales tierras búlgaras, se habían sucedido en ellas distintas civilizaciones. De la época del bronce datan los primeros ejemplos de la rica cultura material de los Tracios, que llegó a su culmen entre los siglos VI-II a. C. En el periodo I a. C.-I d.C. el Imperio Romano invadió los territorios y los trató de provincias propias hasta 395, cuando, a su vez, Bizancio los incluyó en sus límites.

En el siglo VI empezó la gran irrupción de los Eslavos, unas tribus de etnia y lenguas indoeuropeas, originarias de la región entre la cordillera de los Cárpatos, el mar Báltico y los ríos Oder, Dniéper y Dniéster. En el siglo VI, de Asia Central llegaron también los Proto-búlgaros, un pueblo de procedencia turco-altáica, como los hunos, los jázaros o los ávaros. En el 679, los búlgaros o "proto búlgaros", una feroz tribu dirigida por khanes (jefes) y boyars (nobles), cruzaron el río Danubio después de una larga emigración que les llevó a Europa desde sus tierras de origen, situadas entre los montes Urales y el Vólga.

Siendo un cruce de civilizaciones desde épocas remotas (los yacimientos arqueológicos datan de antes de 4600 AC.), Bulgaria fue reconocida como estado independiente en el año 681, conviertiéndose en uno los pocos estados independientes en Europa de su tiempo. El primer estado búlgaro surgió en 681 como consecuencia no de una conquista, sino de un acuerdo y una fusión de los eslavos con los proto-búlgaros, que se aliaron para protegerse de los bizantinos. Inicialmente, los proto-búlgaros fueron los que asumieron los más altos cargos políticos y militares, por eso, aunque su lengua y su tipo racial se haya perdido completamente en el mayoritario componente eslavo del país, su nombre ha seguido en los siglos en el topónimo Bulgaria.

En conscuencia, el primer gobernante de Bulgaria fue el khan Asparuh, hijo de Kubrat (legendario khan que vivió en la actual Rusia); Asparuh fundó la primera capital búlgara en la ciudad de Pliska. El nuevo estado consistía una mezcla étnica entre las tribus nativas de los tracios, las tribus eslavas que se asentaron en la zona en el ciglo 5 DC y los proto-búlgaros. Cada etnia contribuyó de modo diferente a la formación de la nación búlgara. Los tracios -muchos de ellos asimilados durante las invasiones helénicas- dejaron topónimos, ritos paganos y creencias populares. Unos de los hallazgos arqueológicos más importantes y algunos de los tesoros en oro de mayor valor artístico en Europa pertenecen a su civilización. Los eslavos vienieron de los territorios actuales de Polonia, formando así la rama sureña de la familia eslava. Eran el grupo más numeroso y aportaron el aspecto físico predominante y el idioma de los búlgaros group. Los proto-búlgaros, prevenientes del Mar Caspio, según algunos historiadores, o del Kashmir, según otros, impusieron su sistema político y militar en la gobernación del estado y por supuesto, su nombre.

Asparuh, apodado el Jinete Blanco, fue el primer khan búlgaro. Sus sucesores, el khan Térvel y, luego, el khan Krum, no sólo emanciparon completamente sus territorios del Imperio Bizantino, sino extendieron notablemente el poder de Bulgaria en Europa llegando a construir el Primer Imperio Búlgaro. En el siglo IX el país ya lindaba al oeste con el imperio de Carlos I el Grande.