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martes, octubre 16, 2012

LEYENDAS SOBRE LAS MONTAÑAS BÚLGARAS



Habitadas por deidades y fuerzas temerarias, las montañas son objeto de adoración en la tradición búlgara. En los mitos, cuentos y leyendas tradicionales de ellas están representadas como seres vivos, a veces como dioses, pero siempre con destino propio. Cada una de las montañas búlgaras tiene su imagen y carácter. Los Ródopes acarician los ojos con sus contornos suaves, el monte Pirin es bello, pero frío. Rila es majestuosa. La Cordillera de los Balcanes, que atraviesa todo el territorio de Bulgaria, ha jugado el papel de protectora de nuestros territorios en las lejanas épocas de batallas de liberación.

Perún, el principal dios de los eslavos, vivía en las montañas junto con su hermana, Perunica, que por su belleza brillaba más fuerte que el sol. Como a menudo pasa en los cuentos tradicionales, aparte de hermosa ella era también muy hábil y trabajadora. Tejía durante todo el invierno y en primavera se iba al lago para blanquear la tela. Trabajaba los días enteros y tendía las telas en la cumbre cercana. Siendo muy joven Perunica se enfermó y murió. En su tumba creció una flor de color lila azuláceo que la gente denominó “perunica”  (en español, “iris”). La cumbre donde tendía los lienzos blancos incluso hasta hoy en día se llama Jardín de la Moza.

Con el dios Perún está relacionado el nombre del monte Pirin, que la gente local llama también Perin. Incluso hasta hoy en día sobre la vida del dios eslavo se cuentan muchas leyendas que explican nombres de localidades, lagos y cumbres. Según una de las leyendas, cuando el cristianismo fue adoptado en las tierras búlgaras, Perún se fue a vivir lejos en lo alto de las montañas. Un sacerdote de las aldeas situadas a pie del monte decidió ir y ofrecerle regalos como muestra de respeto y deseo de relaciones de entendimiento. Anduvo mucho, se cansó por el camino y decidió sentarse al lado del lago, en el cual Perunika, la hermana de Perún, blanqueaba los lienzos. Perún estaba sentado en lo alto y no lo vio. Sin querer arrojó una piedra que alcanzó al sacerdote y éste cayó en el lago que desde entonces se llama el Lago del Sacerdote.

Algunas de las leyendas sobre las montañas narran sobre el pasado aún más lejano cuando por las tierras búlgaras vivían las tribus tracias. Una leyenda cuenta cómo aparecieron la Cordillera Balcánica y los Ródopes. Antaño estas dos montañas eran hermano y hermana, hijos del dios de los mares. El chico se llamaba Hem (de Hemus, el nombre tracio de la Cordillera Balcánica) y la chica se llamaba Rodopa. Un día sus juegos alegres enfadaron al dios supremo y él convirtió a Rodopa en un monte. Al ver que su hermana se había convertido en roca, Hem se petrificó del miedo que sentía. En otra leyenda Rodopa es una joven bella que tenía una voz encantadora. Todos los que la veían y oían hablar quedaban hechizados. Se enamoró Rodopa de un joven común y corriente y su elección enfadó a los dioses y la convirtieron en una montaña.

Entre los tesoros del folclore búlgaro hay un sinfín de leyendas basadas en sucesos reales. Una de ellas es la leyenda de Todorini Kukli (en español, Muñecas de Todora), una agrupación de cuatro cimas rocosas en la Cordillera Balcánica. En Spanchevtsi, una de las aldeas de la región, vivía una bella moza que se llamaba Todora. Era otoño, la época de reuniones y tertulias aldeanas al aire libre. Reunió Todora a sus amigas. Encendieron fuego en el patio, empezaron a hilar y a cantar y bailar. Vinieron también los mozos del pueblo y propusieron una apuesta: la joven que acababa primera su trabajo se casaría con el joven más bello. Todora dijo: “No el más bello, sino el más valiente. El que logre subir la cumbre de la montaña, será el más valiente de todos.” Los mozos se callaron ya que era de noche y es sabido que de noche en el monte hay náyades y otros seres temerarios. No todos volvían vivos de ahí. Todora continuaba hilando y no decía ni una palabra. Al final, cuando terminó primera decidió dirigirse a la cumbre sola. Consiguió alcanzar la cumbre de la montaña pero su delantal se había enganchado en un arbusto, Todora se resbalo por el pedregal y se cayó en el precipicio. Desde entonces los riscos se llaman las Muñecas de Todora.

En otros pueblos cuentan otra historia de la que también dicen que es verídica. Se trata de una moza que también se llamaba Todora y cantaba muy bien. Le pedían la mano jóvenes de todos lados pero ella eligió a Iván. Iván era pastor y durante meses enteros se quedaba en la montaña. Desde ahí tocaba con su flauta pastoril para que le oyese Todora quien le respondía con canciones. Pero los padres de Todora arreglaron su casamiento con un hombre rico e importante. Todora decidió escapar y así lo hizo. Se dirigió a la montaña en busca de su amado. En lo alto de la montaña encontró su casa en la que él vivía con su esposa e hijos. La joven se quedó pasmada y se alejó llorando. Llevaba consigo regalos para su boda con Iván, elaborados con mucho amor, que colgó en los árboles cercanos diciéndoles que eran invitados de boda, y ella misma se entregó a la montaña arrojándose de una roca. Ahí donde caían sus lágrimas aparecieron fuentes curativas y los árboles en los que había dejado los regalos se petrificaron y la gente los llamó Muñecas de Todora.

Autor: Albena Bézovska
Versión en español por Ruslana Váltcheva

domingo, abril 22, 2012

LAS NOVIAS BULGARAS MUSULMANAS DE LOS RODOPES


En Ribnovo, un pueblo remoto de las montañas de los Rodopes búlgaros, a unos 210 kilómetros al sur de Sofía, se llevan a cabo todavía ceremonias muy extrañas para el concepto de las tradiciones de la Unión Europea. Son rituales nupciales muy antiguos que, por primera vez, fueron practicados por los Pomacos -un grupo cuya lengua materna es búlgara y cuya religión es musulmana- y por los Eslavos que se convirtieron al Islam bajo el dominio otomano. la intensidad de la ceremonia reside en la pintura que se aplica en el virginal rostro de la novia, donde según las leyes musulmanas, es un rito privado abierto sólo a las mujeres; toda su cara es cubierta por una espesa tiza blanca y posteriormente decorada con lentejuelas de diversos colores. Sin lugar a dudas, se trata de ritos etnicos que aun persisten en ciertos lugares encapsulados en el tiempo.

KarlFM.-




En una de las zonas montañosas del suroeste de Bulgaria se encuentra el pueblo de Ríbnovo, cuyos moradores son búlgaros mahometanos. En esta aldea el tiempo parece haberse detenido y los nativos guardan celosamente sus valores, hábitos y costumbres tradicionales. Cuando unos novios se preparan para contraer matrimonio sus nupcias parecen haber salido de los cuentos populares, los huéspedes, parientes y familiares de los jóvenes celebran las nupcias durante tres días seguidos. Evoca unas nupcias de estas características del pueblo de Ríbnovo el documental de la cadena de televisión “Turismo”, TVT, titulado “Las novias pintadas no lloran”. Su autora es la periodista de Radio Bulgaria, Veneta Nikólova. Las pintorescas secuencias del pueblo agazapado en medio de la maravillosa naturaleza de los Montes Ródopes, la música autóctona y la narración emotiva que acompaña el documental nos introducen en un mundo ignoto y hasta cierto punto irreal y no alterado por las vicisitudes del tiempo.





“Ya al llegar para hacer el rodaje a Ríbnovo me llamó la atención que ese pueblo, situado en lo alto de la montaña y bastante apartado del resto de localidades, estaba rebosante de vida”, dice Veneta. “Por sus abruptas callejuelas no dejaban de circular mujeres de tocas abigarradas, niños, hombres. De algún lugar del pueblo nos llega el ruido de martillazos y el sonido estridente de una sierra. Es que en ese pueblo siempre se construye algo. A lo lejos se oye música. Tal animación es inusual para las aldeas cada vez más despobladas de Bulgaria. Este documental es un intento por asomarnos al mundo de los habitantes de Ríbnovo, un micro mundo abigarrado, encapsulado en el tiempo y hasta cierto punto incomprensible para nosotros. El rito nupcial en ese pueblo es el que expresa de la mejor manera la idiosincrasia, la cosmovisión y el modo de vida de esa gente, su sentimiento de pertenencia a una comunidad condenada a “diluirse” más temprano que tarde, en la realidad moderna. El destino de los habitantes de Ríbnovo parece haber sido predeterminado ya en el momento cuando nacen, y las etapas de sus vidas van siendo acompañadas y marcadas por determinadas normas y ritos. Así fue hace 200 ó 300 años así ocurre también hoy. Es precisamente el espíritu de lo previsible lo que otorga a los moradores de Ríbnovo la sensación de seguridad y comodidad, algo que nos falta a la gente “moderna”. A pesar de que mucha gente de Ríbnovo emigra para trabajar en el extranjero, los emigrantes siempre retornan a sus lares”.


El documental se rodó a idea del redactor jefe de la TVT Stoyan Radulov y el rodaje corrió a cargo del camarógrafo Dobrin Keresteliev. Los fotogramas y secuencias de mayor colorido son los que evocan la dote que llevará la novia. Delante de la casa de la moza casadera se coloca todo lo que sus padres habían reunido a través de los años para su nuevo hogar. En estructuras de madera parecidos a andamios, a lo largo de toda la calle, se ordenan mantas, delantales, manteles, todos ellos de llamativos colores. El resultado es una increíble explosión de colores y matices. También se exhiben ante los vecinos del pueblo todos los muebles y utensilios domésticos, previamente reunidos para el futuro hogar: la cama para los recién casados, los armarios y alacenas, el horno microondas, el plasma. Por la calle delante de la casa de la novia comienzan a desfilar todos los moradores del pueblo, algunos de los cuales se detienen ante alguna manta multicolor o mueble nuevo, hacen sus animados comentarios y luego prosiguen su inspección. Luego se organiza el desfile nupcial, antes de llevar a la futura esposa a su casa natal.


“Es la madre que lleva a su hija a su casa natal cuyo umbral la joven traspasará por última vez como soltera. Alrededor de ella se reúnen exclusivamente mujeres que se encargan de ayudarle a vestir su ropa nupcial. No es ésta de color blanco sino abigarrada, de colores increíbles. Luego dejan a la moza acostarse al suelo y llega una mujer de habilidades especiales del pueblo para practicarle la “pega”. La mujer le unta la cara a la joven de una crema blanca y dibuja, o pega, en su frente, mejillas y mentón unos círculos empleando multicolores lentejuelas. De este modo la novia se vuelve irreconocible y la máscara que se le aplica la esconde, en realidad, del mundo. Una de las explicaciones de este rito es que se trata de una forma de prevenir a la joven de un pernicioso mal de ojo ya que en este período de tránsito de la edad de moza a la de una mujer madura la joven casadera es especialmente frágil y vulnerable”.


El documental “Las novias pintadas no lloran” es la narración sobre una hermética comunidad musulmana que se resiste tenazmente a cambiar. “Esas personas ostentan con orgullo su “otredad” y sus rancias costumbres. Pero esto no significa que sean gente arcaica, relicta, totalmente aislada del siglo XXI. A diferencia de nosotros poseen, sin embargo, la habilidad de trasladarse con soltura de la tradición a la modernidad. Los vecinos de Ríbnovo se encuentran a caballo entre dos culturas, se apoyan en éstas y como tales resultan más ricos de quienes habitamos este mundo globalizado y uniformado”, señaló en conclusión Veneta Nikolova.










  
“Las novias pintadas no lloran”
Autor: Lina Ivanova.
Versión en español por Mijaiíl Mijailov.
Fotos: Cortesía de TV "Turismo" y see.bg y otros autores.
Agradecimientos a Radio Bulgaria.

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