miércoles, enero 18, 2006

LA SALVACION DE JUDIOS BULGAROS DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Despues de la entrada de las fuerzas alemanas en Bulgaria en marzo de 1941, los nazis presionaron al gobiemo del rey Boris III para enviar a la población judía a los campos de exterminio. En marzo de 1943 salió la orden de deportación. En varias ciudades concentraron a los judíos alrededor de las estaciones ferroviarias para embarcarlos a los campos de muerte. Cuando Demiter Peshev -vicepresidente de la Asamblea Nacional- lo supo encabezó una serie de protestas, demostraciones y debates parlamentarios. La iglesia Ortodoxa Bulgara, bajo sus dos lideres: los metropolitanos Stefan y Kiril, movilizó a sus fieles y a ellos se sumaron los intelectuales, abogados, profesionales y el pueblo entero. El rey Boris III decidió revocar la deportación y los judíos volvieron a sus casas. Lamentablemente en las zonas ocupadas por las hordas nazis fueron exterminados mas de once mil judíos. He aqui el testimonio vivo de una superviviente búlgara:

"Soy de Bulgaria y siento un ineludible deber de contar la historia de nuestra salvación durante esta cruenta segunda guerra mundial de la que fuimos testigos y también protagonistas. Quisiera de algún modo demostrar que no toda la población fue compuesta por santos, pero el raciocinio dominó la gran mayoría. Y así quisiera expresar mi agradecimiento por haber nacido en Bulgaria, por la instrucción que nos fue dada a toda mi generación y por el privilegio de haber conocido el significado de ser protegida en los momentos más cruentos de mi vida y la de los míos.

La década del 30 se presentó pesada, cargada de incertidumbre política, Hitler fue elegido canciller de Alemania, dio comienzo la guerra civil española, las tropas de Mussolini ocuparon Abisinia. El soplo de esperanza fueron los varios viajes de Sir Neville Chamberlain, saludando a su pueblo con su paraguas en alto. Los años 1938-1939 demostraron que con buena voluntad no se había conseguido nada. Cayó Austria, luego los Sudetes y después toda Checoslovaquia. Dicen que el Rey de Bulgaria Boris III amargamente comentó: “Mi ejército es pro alemán, mi esposa es italiana, mi pueblo es pro ruso. Solamente yo soy pro búlgaro”. El rey, de este modo trató de mantener a Bulgaria neutral, fuera de la guerra que se avecinaba.(...) Por las calles de Sofía se veían pasear hombres y mujeres rubios con ojos azules. La gente murmuraba: “Deben ser de la quinta columna" (1).

En marzo de 1941 el primer ministro búlgaro Bogdan Filov con orgullo firmó el “pacto de no agresión con el eje Berlín-Roma”. Al día siguiente los rubios de ojos azules trocaron su ropa civil por flamantes uniformes del ejercito alemán. Durante el otoño de 1940 se publicó el proyecto de la “Ley para la defensa de la nación”. ¿De quién tenían que defenderse? De los malvados judíos, por supuesto. Y así comenzó nuestro calvario:

1) Todos los objetos de metales preciosos, gemas y otros, menos las alianzas de los casados, debían ser colocados en bolsitas, rubricadas y entregadas al Banco de la Nación.

2) Se evaluaron todas las pertinencias judías, fueron tasadas y por única vez se cobró un elevado impuesto. Muchos debieron vender algunos objetos para poder pagarlo.

3) Todos los judíos a partir de los 10 años, debían tener cosidos del lado izquierdo de todas las prendas que usaban encima de la ropa interior, la estrella de David en amarillo y negro (el odio y la muerte). Al sacarse alguna prenda, no podía quedar la camisa o vestido sin la insignia de judío.

4) Las entradas a los departamentos o casas debían tener el funesto indicio de que ahí habitaban judíos. Eran cartones blancos, en cuyo centro se hallaba la estrella de David, bordeada de negro y luego en letras negras decía “Domicilio del judío...”

5) Llegó el turno de devolver los teléfonos al estado.

6) En aquel entonces ninguna casa tenía más de un radio receptor. Se los envolvió con las respectivas etiquetas de propiedad y fueron entregados al depósito del correo central. Los amigos nos visitaban para contarnos las noticias que habían oído por la onda corta de Londres (la BBC) y de Estados Unidos (la Voz de América), siempre en búlgaro. Evitaban comentar las noticias acerca de los campos de concentración. Nosotros sabíamos algo sobre dichos campos, pero creíamos que eran noticias tendenciosas de los aliados.

7) Y llegó otra medida contra nosotros. Nos dieron tres días para abandonar nuestros domicilios. Debíamos mudarnos a un barrio alejado del centro residencial. No era un gheto, simplemente era un apartado. Poco antes de esta última medida, llegó de Belgrado nuestra abuela. Arribó con una valija solamente. Sombría y llorando, nos dijo que al abuelo lo habían sacado de casa, se lo habían llevado a un campo de concentración en las afueras de la ciudad y que dos días atrás había sido asesinado. ¿Cómo se podía creer semejante noticia? Sin embargo, nuestro padre comenzó a correr para pedir la expatriación. El abuelo, farmaceútico recibido en Vienna, había sido durante la Primer Guerra Mundial, Capitán de Reserva, condecorado por alemanes y búlgaros, por haber preparado un medicamento contra la malaria.

Amigos del abuelo, compañeros de la Facultad y de Guerra, se enteraron de su desgracia, vinieron a casa y ofrecieron sus servicios. Uno de ellos era suegro de un Coronel importante. Pasados unos pocos meses, recibimos del Ministerio de Guerra búlgaro, una lacónica esquela que decía: “A vuestro pedido acerca de la repatriación de Losiff Pardo, Capitán de Reserva del ejército búlgaro, se ha recibido la siguiente nota de las fuerzas alemanas de ocupación: El judío Losiff Pardo, murió de hemorragia el 4 de Octubre de 1941”.

Desde 1941, todos los hombres de 18 a 46 años de edad, eran convocados a prestar servicios en los “Campos de trabajos forzados”. En 1942, en el mes noviembre, fueron llamados nuevamente para otro período de trabajo que duró hasta octubre del siguiente año. El trabajo fue duro, rompiendo rocas, arreglando líneas ferroviarias. Debían cambiar las trochas angostas de Grecia por anchas, para que coincidieran con las de Bulgaria. Se corrió la voz de que se acercaban convoyes con judíos desde Grecia y era verdad. Se podían escuchar sus gritos en judeo-español: “Hermanos, ayuda!!!! Agua!!!! Pan!!!”. El Jefe del Campo de Trabajos Forzados, prohibió a los hombres que se acercaran a los vagones para que les diesen sus propias provisiones diarias y los amenazó. Los hombres hicieron bultos con sus cantimploras y las raciones de pan, se acercaron a los vagones sin techo y con ímpetu, trataron de que los bultos cayeran dentro de los vagones.

No eran vagones de lujo, sino para cincuenta y cinco personas u ocho caballos, según estaba escrito del lado de afuera. El gendarme que dirigía el campo, no castigó a nadie, se hizo el ciego y ordenó que se distribuyera otra ración de pan. Muchos de los trabajadores enfermaron de malaria y fallecieron. Los que sobrevivieron decían: “Gracias a Dios, estamos en Bulgaria”. Había salido una nueva orden, los judíos no podían transitar por la más bella avenida de Sofía, con sus adoquines color ocre que resistieron terremotos, carros blindados. Hacía tiempo que ya no era permitido circular a los judíos desde las 21 hs. hasta la 6 de la mañana. Toque de queda.

El antisemitismo en Bulgaria siempre estuvo presente, pero era como una costumbre, no era sanguinario, a veces burlón, otras algo agresivo, como cuando aparecieron los grupos de extrema derecha “Kubrat y Ratnitsi”. El historiador inglés R. J. Crampton en su libro menciona: “que el antisemitismo apareció en Bulgaria con la llegada de las tropas libertadoras rusas”.

En febrero fue la caída de Stalingrado. Y el 9 de marzo de 194,3 el comisario para los asuntos judíos Belev, junto con el alemán Dänneker, habían decidido deportar a los judíos según órdenes de una de las oficinas de Adolf Eichmann que funcionaba en Sofía. Sin embargo, sus planes fallaron por la oposición de la gran mayoría del pueblo: iglesias, políticos, organizaciones profesionales, todos encabezados por el venerado, por búlgaros y judíos, Cardenal Stefan y también el Obispo Kiril, que se plantó entre las vías del tren en Plodiv, declarando que el tren debería pasar únicamente sobre su cuerpo. Los planes de Belev fracasaron. La oficina de Eichmann insistía y Belev propuso una postergación, pero siguió elaborando planes: 

a) Uno de ellos, consistía en embarcarlos en grupos de 16.000 personas mensualmente, para que el 30 de setiembre se acabara con todos, pero previamente todos serían reunidos en campos de concentración y embarcados en los vapores que esperaban. 

b) El otro era evacuar de la capital a todos los judíos, enviándolos al norte de Bulgaria para estar más cerca de los puertos. Unos pocos se quedarían en la capital, por ser necesarios para el esfuerzo bélico. Una empleada del comisariato, Liliana Panitza, cometió el error de informar al Dr. Buco Levi. Y un obrero de la imprenta estatal entregó una copia con todos los detalles acerca del futuro de los judíos a un amigo muy allegado. El pánico cundió porque este amigo indignado divulgó todo.

El 24 de mayo comenzaron las corridas entre las sedes judías y el Palacio Real. Mis padres, mis hermanas y todo el resto de nuestra familia, somos sobrevivientes de la tragedia que había enlutado toda Europa. También lo son los 48.000 judíos que habían vivido por siglos en Bulgaria. El Cardenal Stefan, el expremier demócrata Nikola Mushanov, la Princesa Evdokia, hermana del rey, Ekaterina Karavelova, se acercaron a Boris III, con el pedido de leer la carta que los judíos le habían escrito. No tuve el honor de leerla. Ha sido publicada en un anuario judío de 1986, en el volumen XXI, en la página 223: Majestad, en nombre de los hombres, mujeres y niños le rogamos, arrodillados, que extienda su mano paterna, para protegernos, en memoria de aquellos que han caído en los campos de batalla. Denos su protección. Estamos preparados a derramar nuestra sangre por la patria, por Bulgaria, pero dentro de sus límites, no fuera del país.

Hubo una manifestación en pro de los judíos. 63 personalidades, los más importantes políticos pertenecientes a movimientos liberales y democráticos, firmaron un documento muy valioso: Estas medidas pueden ser interrumpidas y defendidas únicamente por su majestad, porque Ud. es el verdadero gobierno. Ya conocemos el final. Siempre se habló de cómo los dinamarqueses salvaron a sus 8.000 judíos. Muy pocos se han enterado de que el pueblo búlgaro, con una población de 6 o 7 millones, salvó de los campos de exterminio a sus 48.000 judíos.

(1) Quinta columna: eran observadores, espías de país extranjero.

Texto: Beatriz Rosanes de Samuilov.-
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